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La red de colaboración científica de Atapuerca ha convertido al yacimiento en una gran infraestructura

El complejo de Atapuerca (Burgos) se puede ver como una instalación unida a una fuente de datos única –su registro arqueológico–, con un gran impacto científico internacional y también socioeconómico regional y a escala estatal indiscutible. Esto la ha convertido en una gran infraestructura de investigación científica (LSRI), deviniendo a la vez un caso muy especial dentro de esta catalogación.

Los nodos son autores de artículos, en negro los 'veteranos' de Atapuerca, i el nudo de un enlace conectando dos autores indica el número de artículos que han escrito juntos.

A diferencia de los ejemplos habituales, como la Organización Europea para la Investigación Nuclearel (CERN), los grandes telescopios del proyecto europeo ESO o los centros de supercomputación como Marenostrum, Atapuerca nació modestamente y se ha ido convirtiendo en una gran infraestructura.

Detrás de todo este despliegue hay una red de colaboración científica que se empezó a modular, tal como la conocemos hoy en día, a inicios de la década de los noventa del siglo pasado, cuando asumieron la codirección del proyecto del arqueólogo Eudald Carbonell junto con los paleoantropólogos Juan Luis Arsuaga y José Mari Bermúdez de Castro.

hemos estudiado cómo diferentes formas de colaboración científica han acompañado el proceso de emergencia de Atapuerca desde 1992 hasta 2011

Ahora, un artículo publicado en la revista Scientometrics recoge como se ha ido desarrollando esta red científica, en el periodo comprendido entre 1991 y 2011. El estudio se enmarca en uno de los objetivos de las líneas de actuación del área de socialización de Atapuerca que pretende analizar el impacto científico del programa de investigación llevado a cabo en el entorno de estos yacimientos durante las mencionadas décadas.

"Los autores hemos estudiado cómo diferentes formas de colaboración científica han acompañado el proceso de emergencia de Atapuerca desde 1992 hasta 2011. Más concretamente, hemos combinado el análisis de coautoría de artículos científicos –una forma tradicional de estudiar la colaboración científica– con la participación en los trabajos de campo, es decir, en las campañas anuales de excavaciones, siendo esta última una aproximación más innovadora, porque nunca se había analizado desde esta óptica", comenta Sergi Lozano investigador del IPHES que ha participado en el estudio.

En este sentido, el mismo investigador ha recalcado: "De esta manera se puede observar, por ejemplo, si se favorece que un investigador atraiga más coautores o, a la inversa, cómo haber publicado con ciertos coautores puede incidir en la participación en las excavaciones en Atapuerca.

Relaciones entre investigadores a lo largo del tiempo

Para llevar a cabo este estudio, primero dividieron el período 1992-2011 en cuatro subperíodos. Para cada uno de ellos crearon redes de coautoría, en las que los investigadores son los nodos, donde enlace entre dos de ellos indica que han colaborado como mínimo en un artículo. Después, estudiaron la relación entre experiencia en el campo de un investigador y su posicionamiento en la cada red de colaboración. Si ocupa posiciones más centrales, si está mejor conectado, si está preferentemente conectado con otros investigadores con una experiencia similar, etc. Finalmente, compararon las redes de cada subperíodo, como si fueran fotogramas de una película, para entender la evolución del proceso.

"Así se ha podido analizar como la colaboración científica ha ido transformándose con este proceso de emergencia, y se puede entender mejor la evolución que ha convertido Atapuerca en lo que es", asegura el investigador.

Comparando las diferentes redes especificadas, se ha observado que la de colaboración se ha ido organizando como una gran subred alrededor del equipo de investigación de Atapuerca y una serie de pequeñas subredes aisladas, integradas por autores que, a pesar de hacer referencia a Atapuerca en sus artículos, ni han participado en las campañas de excavación ni han colaborado en artículos con autores del primer grupo.

"Si miramos más detenidamente –indica Sergi Lozano– la subred grande, detectamos fácilmente que está formada por 'comunidades' muy conectadas internamente. En el centro de la subred, están integradas mayoritariamente por ' veteranos ' del trabajo de campo en Atapuerca, o sea, personas que hace muchos años que excavan en la campaña anual que se hace en verano.

"Calculamos un indicador que se llama centralidad de intermediación, y observamos que este rol de puente lo juegan de una forma muy marcada los tres codirectores"

Los investigadores con menos experiencia de campo y los 'externos' (especialistas de disciplinas poco representadas en el equipo de investigación de Atapuerca o estudiantes que han participado puntualmente en algún artículo), forman comunidades bastante aisladas en la periferia".

Como hay pocas conexiones entre estas comunidades, se ha analizado quiénes son los investigadores que hacen de puente de comunicación entre ellas.

"Calculamos un indicador que se llama centralidad de intermediación, y observamos que este rol de puente lo juegan de una forma muy marcada los tres codirectores, y que el establecimiento de nuevas conexiones entre comunidades es mucho más lento de lo que esperaríamos".

Esto se corresponde con el hecho de que en su día se optó por la consolidación de un grupo estable, multidisciplinar y básicamente español haciendo 'piña' alrededor de los tres codirectores. Esta configuración de la 'red de colaboración' habría dado solidez y continuidad a la emergencia de Atapuerca, pero tendría una supervivencia incierta una vez los tres directores se desvinculen del proyecto, por ejemplo, por jubilación.

Finalmente, Sergi Lozano destaca: "Hay investigaciones sobre diferentes aspectos de la colaboración científica relevantes para este tipo de instalaciones como la de Atapuerca. Algunos ejemplos serían aspectos organizacionales y sociales en general. En cambio, hasta donde sabemos nosotros, nunca se han estudiado las particularidades de los procesos de colaboración científica en LSRI".

Referencia bibliogràfica

Lozano, S., et al., “Atapuerca: evolution of scientific collaboration in an emergent large-scale research infrastructure”, Scientometrics (2013).

Fuente: Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social
Derechos: Creative Commons
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