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Ciencias de la Vida
Las conclusiones se publican hoy en la revista ‘PLOS One’

Los “bebés” corales vuelven a casa bailando

Steve Simpson, investigador de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Bristol (Reino Unido) descubrió hace años que los alevines de peces de arrecife se guiaban por el sonido para localizar los arrecifes de coral. Ahora sus colaboradores holandeses han confirmado que las larvas de coral, que deben encontrar de forma rápida un lugar seguro donde formar una colonia, también lo hacen.

El arrecife de Curaçao estudiado está dominado por la especie de coral Montastraea faveolata.Foto: Mark Vermeij.

El equipo de investigadores diseñó en Curaçao, la isla más grande y poblada de las Antillas Neerlandesas en la costa occidental venezolana, una “cámara de elección” donde metieron larvas de coral. En este dispositivo que ofrece a los pequeños invertebrados dos o más entornos cuyas condiciones contrastan entre sí y les permite dirigirse con libertad hacia el que prefieren, los científicos pusieron grabaciones de un arrecife de coral.

Los resultados, que se publican hoy en la revista de acceso abierto PLOS One, demuestran “a todas luces” que las larvas, del tamaño de una pulga, experimentan una fuerte atracción hacia el ruido en su búsqueda de un hábitat adecuado.

Las larvas de coral se asemejan a huevos diminutos cubiertos de pelo, y proceden del mismo grupo animal (los cnidarios) al que pertenecen también las anémonas de mar.

Los “bebés” corales vuelven a casa bailando

Colonia de Montastraea faveolata adultos.

El equipo todavía no sabe cómo estos organismos tan simples detectan el sonido, pero Simpson señala: “A corta distancia, el sonido agita las moléculas de agua y, al menearse los diminutos cilios en la superficie de las larvas, estos ‘bebés’ corales podrían recibir una información vital para orientarse”.

Nuestros ruidos son un problema

Los corales se acumulan en enormes arrecifes, hoy uno de los ecosistemas más amenazados del planeta. Según algunos expertos, el calentamiento global y la acidificación de los océanos han puesto a los arrecifes de coral en el “corredor de la muerte”. Llegar a entender cómo estos “vulnerables animales” completan su ciclo vital es esencial para asegurar su correcto tratamiento.

Como los corales, igual que los peces, son sensibles a los sonidos del arrecife, los científicos tildan de “muy preocupante” la presencia de contaminación acústica humana, pues nuestro ruido silencia el sonido en este entorno.

“El ruido antropogénico ha aumentado espectacularmente en los últimos años. Las pequeñas embarcaciones, el tráfico marítimo, las plataformas petrolíferas, el hincado de pilotes y las pruebas sísmicas llegan a ahogar los sonidos naturales de peces y gambas chasqueadoras”, destaca Simpson.

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons
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