Un estudio liderado por la Universidad de Cambridge revela que estos primates practican la geofagia de forma cultural para proteger su sistema digestivo de los azúcares y grasas de los alimentos que les proporcionan los turistas.
Los famosos macacos de Gibraltar, la única población de primates en libertad de Europa, han desarrollado una estrategia inusual para lidiar con los efectos secundarios de su convivencia con los humanos. Según una investigación publicada este miércoles en la revista Scientific Reports, estos animales están ingiriendo tierra de manera deliberada para calmar el malestar estomacal provocado por el consumo excesivo de dulces, helados y aperitivos salados que obtienen de los visitantes.
El estudio, que supone la primera observación científica de este comportamiento —conocido como geofagia— en el Peñón, rastreó a los diferentes grupos de macacos y detectó una correlación directa entre el contacto con los turistas y la ingesta de suelo. Los datos muestran que los animales en áreas de mayor presión antropogénica consumen significativamente más tierra, especialmente durante la temporada alta, cuando el flujo de comida ultraprocesada es mayor.
Los científicos sostienen que el chocolate, las patatas fritas y, muy especialmente, los helados están alterando la composición del microbioma intestinal de los primates. La ingesta de tierra no solo aportaría minerales y bacterias beneficiosas ausentes en la comida basura, sino que funcionaría como una barrera protectora en el tracto digestivo, aliviando síntomas que van desde las náuseas hasta la diarrea.
A diferencia de lo que ocurre en otras especies o incluso en algunas culturas humanas, donde la geofagia suele vincularse a necesidades nutricionales durante el embarazo o la lactancia, en Gibraltar los investigadores no hallaron un aumento del consumo de tierra en hembras gestantes. Esto refuerza la hipótesis de que se trata de un comportamiento de automedicación funcional frente a una dieta antinatural.
“Los alimentos que traen los turistas son extremadamente ricos en calorías, azúcar, sal y lácteos”, explica Sylvain Lemoine, antropólogo biológico del Departamento de Arqueología de Cambridge y autor principal del estudio. “Esto es completamente distinto a los alimentos que consume habitualmente la especie, como hierbas, hojas, semillas y algún insecto ocasional”. Lemoine señala que esta conducta es tanto funcional como cultural, similar al uso de herramientas en chimpancés, pero impulsada enteramente por la proximidad a los humanos.
Expertos independientes coinciden en la relevancia del hallazgo, pero piden cautela. Mª Carmen Hernández, profesora de Zoología en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), destaca en declaraciones al Science Media Center (SMC) España que “la comida de origen humano supone un perjuicio para el bienestar digestivo de los animales, lo que provoca un incremento de la geofagia como mecanismo para paliar el malestar gastrointestinal producido por los alimentos procesados”.
La investigación sugiere que este hábito se transmite socialmente dentro de las tropas. El equipo observó que el 89 % de los incidentes ocurrieron en presencia de otros macacos que observaban atentamente el proceso. Además, los diferentes grupos han desarrollado preferencias específicas por ciertos tipos de suelo, lo que los científicos califican como el surgimiento de una nueva ‘tradición’ cultural.
La mayoría de los macacos (el 83 %) prefiere la terra rossa o arcilla roja que abunda en el Peñón. Sin embargo, un grupo específico conocido como la tropa de Ape’s Den ha desarrollado un gusto particular por la tierra recogida de los baches en las carreteras asfaltadas, la cual representa el 70 % de su ingesta de suelo. No obstante, Ana María Fidalgo de las Heras, presidenta de la Asociación Primatológica Española, advierte en el SMC España que, aunque el trabajo es novedoso, “la cantidad real ingerida y su impacto fisiológico no quedan claramente cuantificados”, lo que dificulta contrastar de forma concluyente todas las hipótesis.
El estudio detalla casos específicos en los que, apenas minutos después de ingerir pan o helado, los macacos buscaban inmediatamente una fuente de tierra. Por el contrario, un grupo que vive en una zona sin acceso a turistas fue el único en el que no se observó ni un solo caso de geofagia. Para Andreu Sánchez Megías, investigador de la Universidad de Barcelona, este estudio recalca lo nocivo que resulta proveer de alimentos humanos a la fauna silvestre.

Estos alimentos se sirven de nuestros mecanismos evolutivos para producir satisfacción, pero no van acompañados de una nutrición real

“Estos alimentos se sirven de nuestros mecanismos evolutivos para producir satisfacción, pero no van acompañados de una nutrición real”, explica Sánchez Megías al SMC. El experto subraya la importancia de integrar estos hallazgos en campañas de sensibilización para evitar que los turistas alimenten a los animales, previniendo así no solo problemas de salud en los macacos, sino también conflictos de agresividad y territorialidad derivados de la dependencia.
Referencia:
Frater, J. et al, “Geophagy in Gibraltar Barbary macaques is a primate tradition anthropogenically induced”, Scientific Reports, 2026.