Un equipo de investigadores ha encontrado la forma de recuperar los valiosos textos de la Biblioteca de Herculano, textos antiguos enterrados por la erupción del Vesubio en el año 79 d. C. Un pergamino moderno con tinta de plomo para entrenar a los algoritmos que promete revolucionar la papirología.
La catastrófica erupción del Monte Vesubio en el año 79 d. C. sepultó la ciudad romana de Herculano bajo unos veinte metros de roca y ceniza volcánica. En el siglo XVIII, las excavaciones sacaron a la luz una biblioteca entera del mundo clásico, la llamada Villa de los Papiros, pero la inmensa mayoría de sus pergaminos estaban carbonizados y eran tan frágiles que cualquier intento de desenrollarlos acababa en su inminente destrucción.
Hasta hace poco, leer estos documentos históricos parecía una misión imposible. Sin embargo, los notables avances impulsados por el análisis de datos mediante inteligencia artificial y la tomografía de rayos X han logrado varios hitos. Iniciativas globales como el Vesuvius Challenge ya han conseguido desentrañar virtualmente algunas porciones de estos textos antiguos, que revelan escritos desconocidos de filósofos epicúreos y arrojan luz sobre el pensamiento de la Antigüedad.
A pesar de estos éxitos, los científicos se enfrentan a un obstáculo formidable: la escasa relación señal-ruido en los datos obtenidos por los escáneres. Este problema radica en que, a los ojos de los rayos X, apenas existe diferencia de absorción entre las regiones del papiro que contienen tinta y las que no, puesto que tanto el soporte vegetal como la tinta negra están compuestos por un mismo elemento base, el material orgánico carbonizado.
La clave para sortear este problema podría estar en los metales pesados. Estudios recientes han detectado la presencia de plomo en las letras de varios fragmentos de los papiros de Herculano. Puesto que este elemento químico reduce significativamente la transmisión de radiación y aumenta de forma drástica el contraste en las imágenes de rayos X, su presencia multiplica las probabilidades de que un algoritmo informático logre recuperar el texto oculto en su interior.
Para comprobar si esta particularidad química podía explotarse de forma sistemática, un equipo de científicos de la Universidad de California en Berkeley y el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST) decidió crear su propia versión de un papiro de Herculano. Utilizaron láminas de papiro egipcio moderno y emplearon un cálamo de caña tradicional para escribir sobre el documento vegetal empleando una tinta negra a base de agua.
El secreto de este particular modelo de laboratorio, que aparece esta semana publicado en PLOS One, residía en la formulación de la tinta, a la que añadieron nitrato de plomo para alcanzar concentraciones superficiales comparables a las que se han encontrado en los escasos fragmentos romanos originales analizados. Una vez escrito y secado, introdujeron el pergamino en un horno de alta temperatura con escaso oxígeno, simulando las condiciones térmicas de entre 400 y 900 grados centígrados que provocaron los letales flujos piroclásticos del volcán Vesubio.
El resultado de esta cocción fue un rollo negro, carbonizado y retorcido con unas propiedades (físicas y químicas) extraordinariamente similares a las de las valiosas reliquias napolitanas. A continuación, los investigadores sometieron su creación a un escáner de tomografía de rayos X y desarrollaron un programa informático personalizado, capaz de trazar la curvatura de la espiral del objeto y aplanar virtualmente las sucesivas capas del documento tridimensional.
El alto contraste radiológico generado por la tinta enriquecida con plomo permitió a los investigadores observar claramente la caligrafía en el interior del cilindro sellado. Sin necesidad de aplicar complejos filtros de mejora computacional o algoritmos de extracción adicionales, el equipo logró leer de forma nítida conjuntos de palabras ocultas en las capas internas del papiro carbonizado, como el sintagma en inglés ‘the children of’.
El alcance del experimento no se limitó exclusivamente a la tomografía en tres dimensiones. El equipo también demostró que un simple dispositivo portátil de fluorescencia de rayos X comercial —diseñado habitualmente para detectar pintura con plomo en paredes— era perfectamente capaz de identificar la presencia del metal en el pergamino carbonizado en concentraciones mínimas de hasta 25 microgramos por centímetro cuadrado.
Este último hallazgo sugiere una estrategia revolucionaria, ágil y poco invasiva para el futuro inmediato de la papirología. Los investigadores proponen utilizar estos escáneres portátiles directamente en los archivos de la Biblioteca Nacional de Nápoles, donde se custodian cientos de rollos originales, para identificar de forma rápida qué ejemplares contienen tinta con plomo. Estos candidatos óptimos serían los seleccionados con prioridad para recibir un valioso y costoso tiempo de escaneo en grandes instalaciones de sincrotrón.
Además, esta nueva metodología de creación de papiros sintéticos abre una vía para el entrenamiento de los nuevos modelos de IA.
Al conocer de antemano el texto exacto que se ha escrito antes de quemar y destruir el documento, los informáticos disponen por fin de una verdad fundamental empírica con la que pueden entrenar a ciegas a los algoritmos, lo que mejora su capacidad para descifrar letras en aquellos papiros más difíciles que solo contienen tinta de carbono tradicional.
Este doble enfoque mitiga el riesgo de manipular y dañar los invaluables artefactos históricos, prometiendo al mismo tiempo acelerar el rescate de las obras maestras perdidas de la Antigüedad clásica. “Es asombroso lo que se puede conseguir que hagan los electrones”, resume Douglas Seiler, autor principal del estudio e investigador afiliado a la Universidad de California en Berkeley.
Referencia:
Douglas Seiler et al, "A model carbonized papyrus scroll opens a novel path to identifying readable scrolls of the Herculaneum Library", PLOS One, 2026.