Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones
Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones
Ciencias de la Vida

Una avispa parásita sierra el cuerpo de su huésped para salir

Del tamaño de una semilla de sésamo, una nueva especie de avispa, descubierta en Costa Rica, introduce sus larvas dentro de un insecto vivo para que se alimenten de él hasta la edad adulta. El análisis de especímenes hallados en 1985 revela que, contrariamente a otros parásitos que emplean sus mandíbulas, esta avispa, protagonista de #Cienciaalobestia, hace uso de una serie de dientes situados en su espalda para serrar a su víctima y emerger de ella.

Ejemplar de la nueva especie de avispa parásita, con sus dientes de sierra en la espalda. / Carolyn Trietsch

Durante más de 30 años, el Museo de Historia Natural de Londres ha almacenado en sus colecciones unos especímenes de avispa parasitoide descubierta en Costa Rica. Los ejemplares, recolectados en 1985 en el país centroamericano, fueron más tarde trasladados al Museo Frost de Entomología en el Estado de Pensilvania (EEUU) para su análisis.

Aunque el diminuto insecto nunca se ha observado en la naturaleza, el estudio, publicado en el Biodiversity Data Journal, ha permitido observar su morfología y clasificarlo como una nueva especie de avispa parásita, a la que han denominado Dendrocerus scutellaris.

La nueva especie frota sus dientes de sierra contra el huésped para abrir el cuerpo

Estos parásitos, cuyas larvas se alimentan de un insecto huésped vivo, pueden operar de dos modos diferentes: poniendo sus huevos sobre el insecto para que las larvas se adhieran y coman desde el exterior; o bien poniendo sus huevos en el interior del huésped para que lo ingieran desde dentro hacia fuera.

Dendrocerus scutellaris pertenece al segundo tipo, según el equipo estadounidense. Sus larvas se desarrollan y maduran sin ser molestadas en un lugar seguro: el interior del insecto huésped.

Pero contrariamente al resto de parásitos endoparasitoides, cuyas larvas ya adultas mastican con afiladas mandíbulas el cuerpo de su víctima y la matan al emerger, esta avispa se sirve de una serie de dientes que tiene sobre su espalda para salir. La nueva especie los frota contra el huésped usándolos como sierra para abrir su cuerpo, como si de una película de terror se tratara. Una vez fuera, se aleja volando para buscar pareja y continúa su ciclo vital.

“Dependiendo del hospedador que parasitan, los parasitoides pueden beneficiar a la agricultura controlando insectos como los pulgones que dañan los cultivos”, concluyen los autores de la investigación, quienes señalan que esta avispa es inofensiva para los humanos.

Referencia bibliográfica:

Trietsch C, Mikó I, Notton D, Deans A (2018) “Unique extrication structure in a new megaspilid, Dendrocerus scutellaris Trietsch & Mikó (Hymenoptera: Megaspilidae)”. Biodiversity Data Journal 6: e22676. https://doi.org/10.3897/BDJ.6.e22676

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons
Artículos relacionados
Alt de la imagen
Las migraciones y el mestizaje de la prehistoria reciente perduran en el ADN de los franceses

Como ocurre con otros países europeos, la demografía francesa es el resultado de milenios de olas migratorias humanas procedentes de otras regiones del continente. Al reconstruir la evolución genética de las poblaciones que vivieron en el país hace entre 9.000 y 2.000 años, un equipo de científicos muestra la influencia que tuvieron los movimientos de agricultores y cazadores-recolectores de Asia Menor y Europa del Este en el genoma actual de la sociedad.

Alt de la imagen
Los primeros ladrones de comida del mundo animal
Estos animales marinos soportaron a los parásitos más antiguos que se conocen

Un equipo de científicos ha descubierto la relación entre parásito y huésped más arcaica conocida, la de un tipo de braquiópodos –muy parecidos a las almejas– que conservan en sus conchas unos tubos que robaban su comida. El hallazgo retrasa los orígenes de esta práctica en más de 25 millones de años.