Suscríbete al boletín semanal

Recibe cada semana los contenidos más relevantes de la actualidad científica.

Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones
Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones

Una infancia difícil acorta la vida de los babuinos salvajes

Los niños que sufren algún trauma durante su infancia son más propensos a desarrollar problemas de salud de adultos. A los babuinos les ocurre lo mismo, aunque a ellos les afecten otros factores. Según un estudio, las adversidades infantiles de algunas hembras de babuino, protagonistas de nuestro #Cienciaalobestia, reducen casi a la mitad su esperanza de vida en edad adulta.

Una cría de babuino de cuatro meses de edad monta sobre la espalda de su madre en el Parque Nacional de Amboseli en Kenia. / Susan Alberts (Duke University)

Puma y Mystery, dos jóvenes hembras de babuino (Papio cynocephalus), vivían cerca del Parque Nacional de Amboseli, al sur de Kenia. Ambas nacieron en años de pocas lluvias y fueron criadas por madres de bajo rango social, que murieron antes de su tercer cumpleaños.

Tras una infancia turbulenta, los babuinos sufren igualmente a largo plazo efectos negativos que reducen su esperanza de vida casi a la mitad

Como consecuencia de las adversidades que soportaron en sus primeros años de vida, Puma acabó a la edad de siete años devorada por un leopardo, y Mystery desapareció a los 14, posiblemente a causa de un depredador, dejando una única cría que murió al poco tiempo. Estas hembras son un claro ejemplo de que el infortunio infantil repercute en su supervivencia a edad adulta. Los babuinos en realidad llegan a superar los 20 años.

Tanto Puma como Mystery formaron parte de un estudio, liderado por científicas de la Universidad de Duke (EE UU), que permitió monitorizar cada día a 196 babuinos hembra salvajes durante 30 años, de 1983 a 2013, en el parque keniano. Los resultados confirman lo que otros trabajos habían revelado en humanos, con los que comparten el 94% del ADN: una infancia difícil repercute en la salud del adulto e influye en una muerte prematura.

Contrariamente a los humanos, que tras una infancia turbulenta pueden padecer enfermedades cardíacas o diabetes y recurrir a drogas, alcohol, y otras válvulas de escape dañinas para la salud, los babuinos no fuman y no se dan atracones de comida basura; pero sufren a largo plazo efectos negativos que reducen su esperanza de vida casi a la mitad.

El estudio, publicado en Nature Communications, demuestra que “incluso en ausencia de los factores que explican estos patrones en humanos –como el tabaco, el alcohol o el acceso a la atención médica– la adversidad precoz puede afectar con el tiempo a la supervivencia”, señala Jenny Tung, coautora del trabajo e investigadora en la universidad estadounidense.

Sequías y muerte de la madre, factores de riesgo

Sequía, hacinamiento, enfermedades y depredación dificultan la vida de estos primates salvajes en Kenia. Pero para el estudio, las investigadoras seleccionaron seis posibles fuentes de desgracias en los babuinos: sequía durante el primer año de vida, competencia entre un número creciente de individuos dentro del grupo, nivel de dominancia materna, apoyo social, pérdida materna repentina o por enfermedad antes de los cuatro años de la cría, y competencia con un hermano más joven –nacido menos de un año y medio después– que desvía los cuidados y atención de la madre.

Los babuinos más vulnerables son las hembras que perdieron a sus madres antes de los cuatro años, o cuyos hermanos nacieron antes de ser destetadas

Los resultados desvelan que más del 75% de las hembras del estudio respondían a al menos uno de estos factores, y el 15% a tres o más. “Los babuinos más vulnerables fueron las hembras que perdieron a sus madres antes de los cuatro años, o cuyos hermanos nacieron antes de ser destetadas”, dicen las autoras, quienes recalcan que las madres representan un recurso social primario para sus hijas, incluso después de que estas se hayan independizado para buscar alimento.

La hembras jóvenes que solo experimentaron una o ninguna desgracia –un grupo denominado por los investigadores como “niños privilegiados”– vivieron hasta los veinte años aproximadamente, mientras que los que sufrieron tres o más murieron de manera general a la edad de nueve.

Además, estas desafortunadas hembras no solo perdieron más de diez años de su vida adulta, sino que también estuvieron más aisladas respecto al grupo y tuvieron crías que sobrevivieron menos. “Se crea un efecto bola de nieve”, apunta Elizabeth Archie, coautora del estudio e investigadora en la Universidad de Notre Dame (EE UU).

Las científicas quieren ahora averiguar cómo algunos babuinos consiguen superar los traumas infantiles. “Los monos que forman y mantienen relaciones comprensivas de apoyo a medida que crecen parecen ser más propensos a sobrevivir y prosperar”, concluye Archie.

Referencia bibliográfica:

Jenny Tung, Elizabeth Archie, Jeanne Altmann and Susan Alberts. "Cumulative Early Life Adversity Predicts Longevity in Wild Baboons" Nature Communications 19 de abril de 2016. DOI: 10.1038/NCOMMS11181

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons
Artículos relacionados
Esta es la primera tarántula que solo vive en tallos de bambú

Considerada por los científicos “la tarántula más rara de Tailandia”, esta nueva especie de araña, protagonista del #Cienciaalobestia, fue descubierta por un famoso youtuber en unos tallos de bambú, donde habita exclusivamente. Su hallazgo demuestra la gran biodiversidad que queda por descubrir en los bosques tailandeses.

La pérdida de aves y mamíferos impide a las plantas adaptarse al cambio climático

Unos se nutren gracias a los frutos y otras logran extenderse a otras regiones. La relación mutualista entre animales y plantas trae beneficios a ambos, pero si la biodiversidad animal desciende, la propagación de semillas podría disminuir hasta tal punto que muchas especies vegetales no podrán resistir la crisis climática.