Este tipo de tumor es el segundo con mayor incidencia en España y el más frecuente en mujeres. Aunque la tasa de supervivencia es casi del 90 %, ¿qué ocurre después? ¿Acaba la enfermedad cuando termina el tratamiento? ¿Cuáles son sus secuelas?
“Una nunca sale de un cáncer de mama igual que entró. Sobrevivir significa que ya no tienes células tumorales dentro de tu cuerpo. Pero ya no vuelves a ser una persona sana ni puedes volver a hacer vida normal como antes, porque todo el organismo está afectado”, afirma a SINC María Ferrer-Vidal, de 69 años, superviviente de un diagnóstico de este tumor en 2011.
Operaciones, quimioterapia, radioterapia y tratamiento hormonal a largo plazo –en su caso, durante 10 años– son algunas de las razones. “Tienes que aprender a convivir con los efectos secundarios del tratamiento, alteraciones de peso, retención de líquidos, problemas de tensión arterial, de huesos, las visitas a los distintos especialistas”, explica.
Tengamos en cuenta que “dos de cada tres cánceres de mama son hormonales, es decir, reciben tratamiento de hormonoterapia durante, al menos, cinco años”, apunta por su parte Susana de la Cruz, oncóloga médica especializada en cáncer de mama en el Hospital Universitario de Navarra y miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).
“Aunque hemos tenido mejoras innegables en los tratamientos y el porcentaje de supervivencia, el gran reto siguen siendo los efectos colaterales (estéticos, sexuales, físicos, psicológicos...) que afectan la calidad de vida de las mujeres”, reconoce.
Tanto es así, que “lo que impide retomar la vida normal no suele ser el cáncer en sí mismo, sino las secuelas, que incluyen síntomas físicos, pero también dificultades laborales, impacto emocional, miedo, fatiga, problemas cognitivos, niebla mental, dolor, dificultades en el sueño, impacto en la imagen corporal...”, corrobora a SINC Roberto Bernal, coordinador del grupo de trabajo de Cáncer de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SemFYC).
En teoría, se considera que una paciente está curada a los cinco años de haber finalizado el tratamiento sin ninguna recaída. Sin embargo, superar clínicamente la enfermedad no es el fin de la historia. “Mucha gente piensa que la mujer ya puede retomar su vida como siempre, pero no es así. No se trata de superar, si no de integrar esa experiencia vital que transforma la vida, de la paciente y de su familia”, dice a SINC la psicóloga Ana Sanz, responsable nacional de atención psicológica en la Asociación Española contra el Cáncer (AECC).
A pesar de que Ferrer-Vidal se considera afortunada porque no ha tenido recaídas en los últimos quince años, “cada vez que me voy a hacer la mamografía anual para la revisión, no puedo evitar tener un nudo el estómago. Nunca estás libre de riesgo, nadie te lo puede garantizar. El miedo siempre está ahí, y eso que no soy una persona miedosa”, admite.
Lo mismo opina María Antonia Gimón, presidenta de la Federación Española de Cáncer de Mama (FECMA): “Nunca estás segura de que lo has dejado atrás. Has sido y siempre serás una mujer con cáncer de mama porque ese diagnóstico es para toda la vida. Evitamos decir que hay una curación absoluta. Pasados cinco años se estima que se ha superado el riesgo alto de la enfermedad, pero las revisiones periódicas se mantienen”.

Aunque hemos tenido mejoras innegables en tratamientos y porcentaje de supervivencia, el gran reto siguen siendo los efectos colaterales que merman la calidad de vida

La buena noticia es que la supervivencia neta a los cinco años alcanza el 87,8 % de las diagnosticadas. La mala, que esa cifra no sirve para reducir el miedo a un nuevo tumor. De hecho, este es la principal causa de malestar emocional en las supervivientes.
Según la datos de este año del Estudio ImpOrta, promovido por asociaciones de pacientes como FECMA y organizaciones científicas como el Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (GEICAM), el miedo a una posible recaída constituye la principal preocupación (84 %), unido al miedo a las secuelas y a su posible permanencia (57 %). Además, un 29 % de las encuestadas alude a la preocupación por sentirse desprotegidas una vez finalizado el tratamiento.
Son datos parecidos a los hallados por otro estudio, publicado también este año por la SemFYC y la Asociación Española contra el Cáncer (AECC). “Casi la mitad de las supervivientes tienen miedos moderados y severos que causan un gran impacto en su calidad de vida”, explica el doctor Bernal, coautor del estudio. Según Sanz, “es una reacción normal que la persona puede tener en los días previos a las revisiones. Pero, a veces, va más allá, cuando dificulta el día a día o genera un sufrimiento muy elevado. En la consulta, damos herramientas para poder gestionar de forma sana esa incertidumbre”.
“El objetivo tras superar un tumor de mama es intentar normalizar y reincorporarnos a la vida normal, lo que incluye retomar el trabajo”, señala De La Cruz. “A mí me vino muy bien volver a mi empleo, me ayudó a relativizar, a no dejar que el cáncer fuera el protagonista de mi vida. Además, me permitieron adaptar mi puesto, con flexibilidad de horarios”, subraya. Pero no todas las mujeres tienen la misma suerte.
Según una encuesta reciente de AECC y SemFYC, realizada en 2025 con 1 293 supervivientes de cáncer de mama con una media de edad de 52 años, estas tienen 1,4 veces más probabilidades de estar en situación de desempleo que aquellas que no han pasado por la enfermedad. En la muestra, solo un 39 % tenía empleo. Además, cerca del 8 % confirmó haber sido despedida durante el proceso oncológico y el 15,4 % se había sentido obligada a cesar su actividad profesional.

Nunca estás segura de que lo has dejado atrás. Has sido y siempre serás una mujer con cáncer de mama porque ese diagnóstico es para toda la vida

“Muchas veces, necesitan una adaptación del puesto de trabajo, que no puede hacerse en su empresa o que, por conllevar menor salario, ya no les interesa. Otras empresas directamente no renuevan el contrato. Y hay mujeres que acaban teniendo una incapacidad laboral para su antiguo puesto”, valora Bernal.
Las consecuencias son psicológicas, pues “el desempleo o la incapacidad para trabajar se asocian con mayor angustia y peor calidad de vida”, observa este experto. Pero también son económicas. Varios estudios hablan de “toxicidad financiera” para referirse a este otro “efecto secundario” de pasar por la enfermedad, entendido como las consecuencias económicas directas e indirectas y las dificultades laborales asociadas.
“Mientras la paciente está de baja –el Instituto Nacional de la Seguridad Social contempla un máximo de 18 meses de baja desde la fecha del diagnóstico–, no va a tener los mismos ingresos que cuando estaba en activo y a ello hay que añadir los desplazamientos a las consultas y terapias, entre otros gastos”, observa Gimón.
La supervivencia neta a los cinco años alcanza el 87,8 % en las mujeres diagnosticadas. / Pexels
Son situaciones que no llegan solas, sino acompañadas, muchas veces, de lo que Bernal llama “afectividad negativa”, es decir, sentimientos de preocupación, tristeza, incertidumbre, impotencia. Un paquete emocional que, sin que tenga por qué llegar a ser una enfermedad mental, inevitablemente dificulta las relaciones sociales y laborales de la persona.

El objetivo tras superar un tumor de mama es intentar normalizar y reincorporarnos a la vida normal, lo que incluye retomar el trabajo

“Si se sienten mal, no les apetece socializar, y ese aislamiento retroalimenta a su vez el malestar”, advierte este médico. Para romper el círculo vicioso, subraya el papel protector de los vínculos sociales y, en especial, el apoyo entre iguales, con grupos de supervivientes, asociaciones de pacientes y familias, etc. De igual manera, Gimón enfatiza lo importante que es “sentir el acompañamiento y la cercanía de tu entorno más cercano, de tu familia”.
Pero no siempre es fácil. “Hay amigos que se apartan porque no saben cómo apoyarte”, reconoce Ferrer-Vidal. “El cáncer no es una enfermedad individual. Tiene un impacto en todo el entorno cercano: pareja, hijos, padres, amigos íntimos... que se ven obligados a reorganizarse y redistribuir los roles, más cuando la mujer no puede seguir ejerciendo su papel de cuidadora principal”, observa Ana Sanz.
Aunque muchas mujeres no la mencionen en consulta, bien por pudor o bien porque dan por hecho esos efectos indeseados, la sexualidad es otro de los frentes que se ve afectado por los tratamientos. Estos pueden provocar disminución de la libido, dispareunia o dolor genital, sequedad, además de la llegada súbita de la menopausia y la infertilidad, algo que puede tener un impacto muy grande, pues hablamos del tumor más frecuente en mujeres menores de 40 años –grupo de edad que supone un 10 % de las pacientes–. Necesitarán tiempo para adaptarse a la nueva situación, que salpica de lleno a la relación de pareja.
También se dan cambios en la imagen corporal: como advierte Ana Sanz, “puede que no se sientan cómodas con su cuerpo, que no se reconozcan ante el espejo”. No solo por las operaciones y las cicatrices, también por las alteraciones del peso que puede acompañar al tratamiento hormonal.
En cuanto a las cirugías, es cierto que “tienden a ser conservadoras –en el 70 % de los casos, según la Sociedad Española de Senología y Patología Mamaria– y cada vez se quitan menos los ganglios de la axila –linfadenectomía axilar–, algo que tiene secuelas funcionales, además de dolor y linfodemas”, indica De la Cruz.
Sin embargo, sigue habiendo un 30 % de mastectomías. “No deja de ser una mutilación que tienes que aceptar”, reconoce Ferrer-Vidal. Lo mismo opina Antonia Gimón: “no se puede obviar que afecta a una parte sensible del cuerpo de la mujer, que en ocasiones se vincula con su feminidad”.
En este escenario, “debemos entender que la experiencia de la enfermedad no finaliza una vez terminado el tratamiento. Tenemos que ser sensibles a las necesidades que las mujeres pueden ir experimentando y, para eso, es necesario un abordaje integral”, indica Ana Sanz.
Sin embargo, según Ferrer-Vidal, es que “la sanidad pública no contempla tratar todos los efectos secundarios del tratamiento como tales. Las supervivientes tenemos nuestros controles del tumor, mamografías anuales, pero no hay un tratamiento integral que lo contemple todo. Y esto tiene que cambiar, sobre todo, porque cada vez somos más”. De acuerdo con SEOM, una de cada 8 mujeres españolas tendrá un cáncer de mama en algún momento de su vida.
En la misma línea, De la Cruz señala la importancia del trabajo en equipo y la colaboración entre distintos especialistas médicos: “Las pacientes necesitan un circuito hospitalario para evaluar posibles efectos secundarios y secuelas, que debe incluir no solo a oncólogos, sino también a los médicos de atención primaria, ginecólogos, psicólogos...”.
Precisamente, “la psicooncología es una de las grandes carencias del sistema de salud, ya que hoy en día la mayor parte de la atención psicológica a supervivientes es facilitada por convenios con las asociaciones de pacientes”, puntualiza. A esto se suma la necesidad de intervenciones de laborales que garantices adaptaciones en el puesto de trabajo o programas de reinserción.
Por supuesto, las pacientes también deberían forma parte de este trabajo en equipo. “Somos responsables de nuestra propia salud. Eso sí, para poder decidir y actuar, tenemos derecho a tener, en todo momento, acceso a información clara, completa y comprensible sobre nuestra enfermedad. Así podemos colaborar mejor con los médicos, informarles de cada cambio o cada efecto secundario que notemos. Si te implicas, todo va mejor”, asegura Ferrer-Vidal.

El cáncer tiene una cosa buena. Te ordena perfectamente la escala de valores. Es verdad que llevas contigo una consecuencia, pero aquí estás, con un futuro por delante

Por otra parte, hay una medicina básica que solo cada mujer puede darse: el autocuidado. Como recalca De la Cruz, “el ejercicio físico y la buena alimentación son un tratamiento en sí mismo, porque reducen el riesgo de recaídas y la probabilidad de efectos secundarios del tratamiento hormonal”. Al contrario, el tabaco, el sedentarismo y la mala alimentación se asocian a un peor pronóstico.
¿Algún mensaje más que quiera dar a las mujeres que hoy comienzan el camino que usted recorrió hace quince años?”, preguntamos a María Ferrer-Vidal. “Sí, que el cáncer tiene una cosa buena. Te ordena perfectamente la escala de valores. Se vive mejor cuando das la importancia real a las cosas de la vida. Es verdad que llevas contigo una consecuencia, pero aquí estás, con un futuro por delante y con todas las oportunidades que te quieras dar”.