El análisis isotópico de muestras recogidas en la cuenca Aitken revela diferencias químicas entre las dos caras del satélite. El hallazgo apunta a un impacto colosal como origen de su evolución interna.
Una estructura inesperada rodea a una enana blanca y desconcierta a la comunidad científica. El descubrimiento, realizado gracias al Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral, desafía los modelos actuales sobre la interacción de las estrellas muertas con su entorno.