Una de las principales causas de discapacidad en todo el mundo es el dolor. De forma errónea, se piensa que su evolución es lineal, es decir, que empeora a medida que nos hacemos mayores. Un nuevo estudio explica ahora que los mayores picos podrían darse antes de los 55 años, por lo que los expertos animan a prevenir sus efectos entre los 20 y los 40 años.
Escuchar música heavy metal en festivales, como el Wacken Open Air en Alemania, podría aumentar la tolerancia al dolor del público, según un nueva investigación. Los participantes no percibieron un menor malestar, pero fueron capaces de soportar sus efectos durante más tiempo.
Un estudio multicéntrico realizado en 17 hospitales españoles muestra que el atogepant puede beneficiar a personas con migraña que no habían respondido a los tratamientos preventivos más avanzados, incluidos los anticuerpos monoclonales anti-CGRP. Los resultados se publican en The Journal of Headache and Pain.
Un estudio con más de 1,4 millones de nacimientos en Canadá ha detectado un ligero aumento de malformaciones en hijos de mujeres con esta patología. Se observaron anomalías cardiovasculares, gastrointestinales, genitales y musculoesqueléticas, así como de neoplasias y tumores, aunque el riesgo absoluto sigue siendo bajo.
El dolor persistente genera cambios en el hipocampo, una región del cerebro que actúa como centro de control y que ayuda a regular las respuestas emocionales ante esta enfermedad. Una nueva investigación cuestiona que la depresión sea una consecuencia inevitable y apunta a que todo depende de cómo responda esta región a lo largo del tiempo.
Un análisis de la organización Cochrane respalda el uso de pequeñas dosis de solución azucarada para reducir el dolor en bebés sometidos a extracciones de sangre. El estudio ha revisado 29 ensayos clínicos con más de 2 700 prematuros y nacidos a término.
El dolor persistente afecta con mayor frecuencia y durante más tiempo a las mujeres que a los hombres. Ahora, una nueva investigación apunta a que esta diferencia podría explicarse por la actividad de ciertas células inmunitarias reguladas por hormonas, los monocitos, cuya capacidad para desactivar el dolor está influida por la testosterona.
La depresión derivada del dolor puede ser un factor que contribuya al desarrollo de la hipertensión arterial, según un nuevo estudio con más de 200 000 personas en Reino Unido.
Los resultados de dos investigaciones publicadas esta semana cuestionan la seguridad y eficacia de uno de los analgésicos más recetados: una detecta un mayor riesgo de crisis epilépticas en personas mayores y otra revisa su limitada capacidad de hacer frente al dolor crónico.
Aplacar el dolor aún depende de fármacos que apenas han progresado desde los remedios tradicionales, y algunos de ellos, como los opioides, causan serios problemas de adicción. Esto afecta especialmente a las personas que padecen dolor crónico, un mal invisible e incomprendido. Hoy los hallazgos recientes guían el desarrollo de nuevos tratamientos.