Los embalses españoles almacenan 39 016 hectómetros cúbicos de agua tras perder 969 en una semana marcada por la escasez de lluvias. Pese al descenso generalizado, las reservas se mantienen por encima de las registradas el año pasado y de la media de la última década.
El aumento de las sequías incrementa el riesgo de deshidratación en estos anfibios. Un estudio propone que los ojos de las ranas Boana punctata pueden utilizarse como biomarcador no invasivo para evaluar el estado de poblaciones silvestres.
Esta capacidad hace que su sistema hidráulico sea igual de resistente a la sequía que el de los ejemplares más bajitos de la misma especie. Para compensar su altura, estos gigantes han adaptado los conductos por donde circula el agua y sus hojas aguantan mejor la deshidratación.
Un nuevo estudio ha detectado emisiones significativas de tolueno en encinares mediterráneos, especialmente durante episodios extremos de calor y sequía. Este hallazgo sugiere que el compuesto podría utilizarse como indicador del estado fisiológico de estos ecosistemas.
Una familia de proteínas actúa como un interruptor que regula la respuesta al ácido abscísico, la ‘hormona del estrés hídrico’ que activa mecanismos de defensa ante las sequías. Estas son las conclusiones de un trabajo liderado por el CSIC, que también demuestra que es posible reprogramar estas proteínas mediante mutaciones puntuales para crear cultivos que consuman menos agua sin perder productividad.
Con datos de 116 países, un estudio asocia el aumento de la sequedad del suelo con un mayor crecimiento de bacterias resistentes a antibióticos. La relación también se ha observado entre niveles locales de sequía y resistencia antibiótica en hospitales.
En 2050 la mitad de la población urbana se enfrentará a escasez hídrica debido al cambio climático. Un nuevo modelo de suministro, basado en la ciudad de Pune, en la India, revela cómo determinadas políticas públicas podrían facilitar su acceso a los más desfavorecidos en una ciudad con más de siete millones de habitantes.
Las especies de zonas secas serían más vulnerables a las sequías extremas porque los conductos por los que transportan agua, aunque son más resistentes, son más lentos y costosos de reemplazar cuando sufren "embolias" por falta de agua. La edad también aumenta el riesgo de mortalidad, porque los árboles viejos acumulan daños en su sistema de circulación y renuevan su madera más lentamente, según este estudio liderado por el CREAF y la Universidad de Edimburgo.
Una revisión de más de 1 900 estudios revela cómo el clima, el uso del territorio y las desigualdades sociales condicionan la expansión del virus en Europa y el resto del mundo. Los resultados muestran que el aumento de las temperaturas, especialmente en primavera y verano, favorecen la proliferación de mosquitos Culex que transmiten la enfermedad.
Un estudio de la Organización de las Naciones Unidas declara que el término de ‘crisis hídrica’ que se utiliza habitualmente ya no se ajusta a la realidad, ya que hay daños irreversibles que han llevado a muchas cuencas y reservas a un punto sin retorno.