El trabajo llevado a cabo por un equipo de la Universidad Carlos III de Madrid y el Centro de Investigación en Ciencias Sociales de Berlín concluye que los incentivos aplicados dentro del aula pueden reducir las desigualdades socioeconómicas. También muestra que el entorno familiar condiciona la disposición de los niños a esforzarse y que las diferencias de origen pueden mitigarse mediante recompensas educativas sencillas.