Con las restricciones por la covid-19 de 2020 disminuyeron las hectáreas quemadas en el Mediterráneo. ¿Qué podemos aprender de la pandemia para mejorar su gestión? Esta es la pregunta que se hizo un equipo de científicos, que insiste en gestionar los combustibles y concienciar a la sociedad para disminuir el impacto del fuego.
Un nuevo estudio con participación española fija los ingredientes fundamentales para que se desencadenen grandes incendios forestales. El clima aparece como uno de los principales desencadenantes al propiciar la inflamabilidad del combustible, las condiciones de sequía y la efectividad de las igniciones.
Poco se sabe de estos gusanos poliquetos marinos, pero cuando se tiene la mala suerte de tocarlos, uno no los olvidará jamás por la irritación que producen en la piel. Un equipo de científicos de Hong Kong ha descubierto ahora una nueva especie de gusano de fuego, protagonista de #Cienciaalobestia, y ha identificado a la especie que provocó un brote en una playa de esa región el verano pasado y amenazó a muchos bañistas.
En la relación del paisaje con el fuego están muchas de las claves para anticiparse a los efectos devastadores de los incendios. Convencidos de ello, investigadores de la Universidad Complutense de Madrid han caracterizado y cartografiado por primera vez con gran precisión las unidades territoriales de riesgo de incendios en una zona, el Sistema Central, y han desarrollado una herramienta para adaptar los mecanismos de prevención al peligro actual.
Han analizado por primera vez los efectos del fuego en más de 7500 componentes de la materia orgánica del suelo. Es la primera vez que se aplica la espectrometría de masas de ultra-alta resolución al estudio del suelo. Los resultados indican que la materia orgánica de los suelos afectados por el fuego se vuelve más resistente a la biodegradación, con lo que disminuyen las emisiones de carbono.
Recreación artística de una mujer neandertal y un oso de las cavernas. / José Antonio Peñas (Sinc)
El análisis de los restos de un yacimiento de Girona ha desvelado que sus antiguos habitantes utilizaban hongos como yesca para encender o transportar el fuego hace 7.300 años. El hallazgo supone una de las evidencias más antiguas del uso tecnológico de estos organismos. La investigación también ha permitido documentar seis especies de hongos y contabilizar un total de hasta 86 restos, algunos de ellos completos.
De todas las regiones de la fachada atlántica, solo en Galicia y norte de Portugal los fuegos son un problema muy grave que irá a más. En los últimos días se ha hablado de incendiarios, terrorismo ambiental y cambio climático; pero esas explicaciones pueden resultar simplistas. Biólogos que llevan décadas estudiando los incendios del norte peninsular identifican las verdaderas razones de esta oleada.
Los grupos de neandertales que hace sobre 60.000 años ocuparon el nivel Q del yacimiento de Abric Romaní (Capellades, Barcelona) dejaron importantes testimonios de sus actividades cotidianas. Así se demuestra con los trabajos de excavación que el Institut Català de Paleoecología Humana i Evolució Social ha desarrollado desde el pasado 8 de agosto.
Las áreas quemadas han disminuido un 24% durante los últimos 18 años en todo el mundo. Así lo revela un nuevo estudio que indica que la reducción del número de fuegos beneficiosos para los ecosistemas se debe al aumento de las actividades agrícolas. Esta situación impide la regeneración y proliferación de nuevas especies en espacios naturales, a la vez que incrementa el almacenamiento mundial de gases.