En el reino animal la mentira es poco frecuente, algo que si no fuera así podría desequilibrar todo el sistema. Entre las especies que pueden falsear sus propias señales comunicativas se encuentran los osos pardos, capaces de arañar los árboles más arriba de lo normal y parecer más grandes que sus rivales.
Aunque parezca sorprendente, la mentira no es una cualidad única de los seres humanos. Un estudio en el que ha participado el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) revela que algunos osos pardos también pueden falsear sus señales comunicativas.
Para saberlo, los investigadores monitorizaron 164 ejemplares de la cordillera cantábrica y recopilaron 117 mil horas de grabaciones de fototrampeo. Los hallazgos, publicados en Journal of Mamalogy, exponen que estos animales fueron capaces de ‘mentir’ para simular que eran más grandes de lo que les permitía su tamaño original.
Según explica a SINC el coautor del trabajo e investigador del MNCN, Vincenzo Penteriani, la mentira es un fenómeno muy raro en el mundo animal, ya que si fuera abundante, las señales con la que se comunican dejarían de tener el mismo sentido y valor.
“Se trata de un comportamiento excepcional”, informa el experto. “Pero es la primera vez que se documenta en osos, lo que demuestra que su comunicación es mucho más compleja de lo que se esperaba”, apunta.
En concreto, la comunicación animal se basa en señales que transmiten información fiable sobre la identidad, el sexo, la edad o la capacidad competitiva de un individuo. En el caso de los osos pardos, la altura a la que depositan marcas habla del tamaño corporal, de su fortaleza o de su rol dominante.

Las marcas químicas no permiten evaluar cuánto de grande es el animal, pero las señales físicas informan sobre el punto más alto al que pueden llegar

El investigador distingue entre dos tipos de señales: las químicas y las visuales. Las primeras se basan en el olor y en la capacidad de estos animales para depositarlo en los árboles cuando se rascan. Las segundas hacen referencia a marcas visuales de uñas y dientes en la vegetación circundante.
“Poseen glándulas por todo el cuerpo que, al rascarse, permiten que se deposite su identidad odorífica en el árbol”, informa Penteriani. “En particular, los machos más dominantes también pueden dejar una huella olorosa en el suelo como una especie de rastro químico”, señala.
Además, cada una de estas señales tienen significados diferentes. “La marca química no permite evaluar cuánto de grande es el animal, pero las señales físicas informan sobre el punto más alto al que pueden acceder y, por lo tanto, precisan qué tamaño poseen”, señala.
Hasta ahora, se pensaba que esta información no se podía falsear, pero esta nueva investigación ha permitido comprobar que algo menos del 5 % de los ejemplares observados sí lo hicieron.
“Nuestros resultados apuntan a que la comunicación en esta especie no es completamente honesta ni deshonesta, sino que es un equilibrio dinámico entre emisores y receptores que evoluciona constantemente”, explica Penteriani.
Para saberlo, el equipo monitorizó a 164 osos diferentes a los que grabaron en 14 puntos de marcaje de la cordillera cantábrica entre los años 2021 y 2024. Se instalaron plataformas junto a árboles y postes utilizados para el marcaje con el objetivo de comprobar si los osos aprovechaban estas estructuras para dejar señales a una altura superior a la que alcanzarían de forma natural.

Estas señales dicen a los individuos dominantes: mira, este es mi olor, pero yo tengo ese tamaño, en realidad soy un oso muy grande

Los resultados mostraron que siete machos adultos y jóvenes, el 4,3 % del total, realizaron marcajes exagerados, bien utilizando las plataformas o bien trepando para dejar señales químicas y visuales más altas de lo que les permitía su estatura real.
Los autores destacan registros como los observados en 2021 en uno de los puntos de marcaje. Vieron una señal visual a tres metros, una elevación inalcanzable para cualquier ejemplar apoyado en el suelo, por lo que el animal tuvo que trepar para alcanzarla.
“Para un macho no dominante o un individuo joven, esta estrategia podría proporcionar ventajas ya que, al aparentar ser más grandes, podrían disuadir a rivales mayores y evitar el coste de un enfrentamiento”, cuenta el experto. “Es una estrategia que recuerda a casos de engaño descritos en otros mamíferos, pero que hasta ahora nunca había sido documentada en osos”, señala el investigador.
“Probablemente, estas marcas envíen señales a los individuos dominantes diciendo: mira, este es mi olor, pero yo tengo ese tamaño, en realidad soy un oso muy grande", expresa. “Esto evita que exista un encuentro directo contra rivales”, apunta.
No obstante, este tipo de engaños no fueron la norma, sino que se trataron de comportamientos muy extraños, concentrados en áreas concretas. “Esa baja frecuencia puede explicar por qué el sistema general de comunicación sigue siendo fiable”, analiza Penteriani.
El proyecto aporta evidencia empírica a un debate clásico en biología evolutiva que podría extenderse a nuestra propia sociedad: ¿cómo se mantiene la estabilidad de los sistemas de comunicación cuando existe la posibilidad de engañar?
Las teorías evolutivas predicen que las señales deshonestas pueden persistir siempre que sean poco frecuentes y no comprometan la utilidad del sistema. Por ahora, esa teoría sigue funcionando con los osos.
Los autores apuntan a que si bien el trabajo demuestra la capacidad de los osos para manipular la altura a la que dejan las marcas, los resultados deben interpretarse como un indicio de un comportamiento poco observado en esta especie y no como una prueba definitiva de comunicación deshonesta.
Referencia:
Penteriani, V. et al. Exaggerated signaling in a solitary mammal: evidence from brown bears (Ursus arctos). Journal of Mammalogy 2026