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El cambio climático reducirá el 20% de las especies forestales en España

Pinsapos, abetos comunes, encinas, robles albar y alcornoques son las especies que más sufrirán los efectos del aumento de temperaturas. A esto se añade la situación de los vertebrados, que verán su territorio aún más reducido a finales de siglo. Los datos se desprenden de un estudio sobre los efectos del cambio climático en la biodiversidad española presentado hoy en Madrid.

Pinsapos en la Serranía de Ronda (Málaga). Imagen: Rjime31

“El aumento de las temperaturas en general y de la aridez es una de las principales amenazas de las especies forestales en España”, ha asegurado a SINC Ángel Felicísimo, investigador de la Universidad de Extremadura y coordinador del proyecto de flora del estudio Impactos, Vulnerabilidad y Adaptación de la Biodiversidad Española frente al Cambio Climático, presentado hoy en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).

Según Felicísimo, en el norte de la Península Ibérica la disminución de la precipitación a nivel global afectará a los bosques, que recibirán entre 200 y 300 litros por metro cuadrado menos al año. “Las precipitaciones disminuirán entre un 20 y un 30% para mediados del siglo XXI”, ha declarado a SINC el investigador.

El trabajo, coordinado por el Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino (MARM) a través de la Oficina Española de Cambio Climático y la Dirección General de Medio Natural y Política Forestal, junto a la Agencia Estatal de Meteorología, ha analizado las consecuencias a medio y largo plazo de las alteraciones climáticas sobre plantas, aves, reptiles, anfibios y mamíferos de la Península Ibérica.

El objetivo ha sido evaluar los posibles impactos, predecir la situación futura de los taxones analizados –en total 75 especies en el mapa forestal y 317 en el mapa animal-, y proponer actuaciones de conservación y mitigación en un país que acoge el 50% de la biodiversidad europea.

“Es una etapa más en una serie de actuaciones iniciadas desde hace seis años”, ha señalado Teresa Ribera, secretaria de Estado de Cambio Climático durante la presentación del estudio, que se ha basado en escenarios de emisiones, datos de proyecciones climáticas y estaciones termométricas y pluviométricas para llegar a las conclusiones.

El pinsapo (Abies pinsapo), el abeto común (Abies alba), la encina (Quercus rotundifolia), el roble albar (Quercus petraea) y el alcornoque (Quercus suber) son las especies cuya situación es “más preocupante”. Un 50% de las especies de flora amenazada podría además pasar a estar en situación crítica a medio plazo por el cambio climático.

“Estas especies importantes ya tienen reducciones muy significativas”, ha recalcado el experto quien ha resaltado que la riqueza de las especies vegetales en España decaerá en el futuro por el progresivo calentamiento de toda la mitad sur occidental española.

Los anfibios, en el punto de mira

Los resultados del proyecto de fauna del estudio –que incluye a España peninsular y a Portugal- demuestran que, bajo un escenario de climático extremo, el 85% de los anfibios, el 67% de los reptiles y mamíferos, y el 63% de las aves podrían ver reducida la superficie de territorio en más de un 30% con condiciones climáticas favorables de 2071 a 2100.

“Hay animales que buscan nuevos territorios para sobrevivir, pero otros no pueden”, ha destacado Esteban Manrique, director del MNCN, presente en el acto. Entre los años 2041 y 2070, y según un escenario de cambio climático conservador, más del 51% de las especies podría requerir de medidas concretas de conservación y adaptación para compensar sus efectos.

“El porcentaje sería mucho mayor a finales de siglo y usando como referencia escenarios climáticos más extremos”, ha explicado Miguel B. Araújo, investigador en el MNCN y coordinador del proyecto de fauna quien ha añadido que anfibios, aves y reptiles serán los más afectados por el cambio climático.

El trabajo demuestra que el número de vertebrados que verá su distribución actual reducida en más de un 30% aumentará de forma progresiva a lo largo del siglo XXI. Ningún anfibio y menos del 3% de los reptiles, el 7% de los mamíferos y el 11% de las aves registrarían aumentos del área potencial en el marco de los escenarios climáticos utilizados.

Por el aumento de las temperaturas y el descenso de las precipitaciones en el suroeste y sur de la Península, las especies migrarán hacia las regiones del norte y nordeste. “El patrón de contracción de las distribuciones potenciales de las especies de suroeste a noreste y de sur a norte es consistente para todos los grupos estudiados y coincide con los resultados de los modelos a nivel europeo”, ha explicado Araújo.

A través de las fichas para cada especie animal y vegetal, y los mapas con su potencial distribución climática elaborados por los científicos, se observa que a finales del siglo XXI las dos poblaciones de oso pardo (Ursus arctos) que sobreviven ahora en la Península Ibérica se verán afectadas por la completa desaparición de las condiciones climáticas idóneas para su supervivencia. El lince ibérico (Lynx pardinus) se moverá hacia zonas “mucho más norteñas”.

Corredores de dispersión y otras medidas

“Hay que hacer cosas y hay que hacerlas ya, trabajando en zonas muy específicas”, ha manifestado Felicísimo. Los investigadores proponen un plan de reducción de la fragmentación de los bosques en ciertas especies vegetales, un plan de adaptación de zonas potenciales, y un plan de recolección de germoplasma y propagación ex situ.

Según Araújo, las medidas específicas para mitigar el impacto negativo de las alteraciones climáticas deberían empezar por incluir la revisión de las listas de especies amenazadas. “El 38% de las especies se beneficiaría de la creación de corredores de dispersión entre áreas naturales importantes. Un 2% podría requerir de medidas más extremas de conservación, como la reproducción en cautividad o los bancos de germoplasma”, señala este investigador.

Los expertos proponen también revisar el estado de amenaza de las especies según criterios que incluyan los efectos directos e indirectos de las alteraciones climáticas. Sugieren crear una “lista naranja” con especies no amenazadas en la actualidad, pero que pudiesen llegar a estarlo dentro de unos años.

“Los modelos plantean que el área actual va a ser inadecuada para que se mantengan las especies forestales. De hecho, hay zonas donde ha desaparecido el bosque históricamente. Pero puede haber refugios y zonas como valles donde se mantengan en condiciones adecuadas”, ha sostenido el experto en flora.

El trabajo, elaborado en el ámbito del Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático, permitirá alimentar las decisiones y los instrumentos del Plan Estratégico del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad y profundizar en los aspectos que relacionan cambio climático y biodiversidad.

“Ahora queda mejorar el conocimiento de la biodiversidad marina, costera e insular, porque requiere dedicación expresa”, ha recordado Ribera quien ha manifestado que hay que abordarlo “inmediatamente”.

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons
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