Suscríbete al boletín semanal

Suscríbete para recibir cada semana el boletín SINC con los contenidos más relevantes y no te pierdas nada de la actualidad científica.

Suscríbete al boletín semanal
Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones
Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones

El cuidado de sus crías aumenta la testosterona de los padres lémures

Los machos de muchas especies, incluida la humana, dedican gran parte de su tiempo a la crianza y este comportamiento se refleja en un descenso de sus niveles de hormonas sexuales como la testosterona, lo que favorece el vínculo entre padre e hijo. Pero hay excepciones. En los lémures de vientre rojo, protagonistas de #Cienciaalobestia, los niveles de andrógenos aumentan cuanto más se involucran en el cuidado de las crías.

Los padres lémures de vientre rojo participan tanto como las madres en la crianza. / Pierre Lahitsara

Cuando los hombres se emparejan y tienen hijos a menudo experimentan una disminución en sus niveles de andrógenos, las hormonas sexuales masculinas. Así lo han demostrado varios estudios científicos que han explicado que esto podría deberse a que los andrógenos, como la testosterona, se asocian comúnmente a la agresión y la competencia entre individuos. Al reducirse, los padres son capaces de fomentar el vínculo con sus hijos y por tanto su cuidado.

“En los lémures, los andrógenos no están inhibiendo la atención infantil y en realidad podrían facilitarla”, recalca Tecot

Una nueva investigación realizada sobre otro primate, el lémur de vientre rojo (Eulemur rubriventer), sugiere una historia diferente. El estudio, publicado en la revista Physiology and Behavior, revela que los niveles de andrógenos de los lémures macho se mantienen elevados y esto no obstaculiza su capacidad de atender a sus crías. En realidad, los niveles aumentan cuanto más participan en el cuidado infantil.

Para llegar a estos resultados, la científica Stacey Tecot, de la Universidad de Arizona (EE UU), que ha estudiado a estos animales durante 18 años en el Parque Nacional Ranomafana en Madagascar, analizó cómo fluctúan los niveles hormonales de los machos mientras cuidan de su descendencia.

“Cuando imaginamos la atención paternal, tendemos a pensar que una menor cantidad de andrógenos significa menos agresión y comportamientos más dirigidos a la alimentación, pero esta investigación nos dice que en los lémures, los andrógenos no están inhibiendo la atención infantil y que en realidad podrían facilitarla”, recalca Tecot.

Un padre de lémur de vientre rojo cuida de su cría. / Velontsara Jeanne Baptiste

Unos padres muy atentos

Los lémures de vientre rojo viven en grupos muy unidos de tres a cinco individuos: una hembra adulta, un macho adulto y su descendencia. El macho y la hembra no se reproducen más de una vez al año. Al igual que los humanos, varios ejemplares se hacen cargo del bienestar de sus crías. En el caso de estos mamíferos, además de los padres, pueden intervenir otros miembros de la familia, como los hermanos.

Las investigadoras asocian este fenómeno al desarrollo de una crianza protectora

Junto con la antropóloga Andrea Baden del Hunter College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (EE UU), Tecot basó sus hallazgos en el análisis de muestras fecales recogidas del suelo y en observaciones durante un período de dos años a 56 lémures de vientre rojo de 13 grupos. Se registraron cinco tipos de comportamientos: acicalamiento, juego, transporte, porte y cariño.

Los resultados mostraron que cuanto más se involucraban los padres en el cuidado, mayores eran sus niveles de andrógenos, salvo en la conducta de portador. El aumento de estos niveles, además, solo se detectó en los padres. Las investigadoras asocian este fenómeno al desarrollo de una crianza protectora, más que a la necesidad de apareamiento, ya que este solo tiene lugar una vez al año.

“Cuando cuidas a un niño, no solo hay comportamientos dirigidos a la alimentación, también es importante la protección”, señala Tecot, que subraya que incluso hubo machos que dedicaron más tiempo a la crianza que las hembras. El equipo propone que se consideren en futuros estudios cómo fluctúan los niveles de andrógenos de los hombres en función de su participación en el cuidado de los hijos.

Referencia bibliográfica:

Stacey Tecot et al. “Profiling caregivers: Hormonal variation underlying allomaternal care in wild red-bellied lemurs, Eulemur rubriventerPhysiology and Behavior mayo de 2018

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons
Artículos relacionados
Alt de la imagen
Los animales engañan a otros con trucos de magia igual que los humanos

Trucos mentales, juegos de manos, ilusiones y distracciones forman parte de la magia que percibimos los humanos, pero ¿cómo reaccionaría una audiencia animal? Un equipo de científicos muestra que nuestra capacidad de atención y percepción no es muy superior a la de ciertos animales como primates, cuervos y pulpos, que también son engañados por los de su misma especie u otras.

Alt de la imagen
Los primeros humanos podrían haber cocinado en aguas termales antes que con fuego

Uno de los mayores misterios en la evolución humana es el origen del cocinado de alimentos. Un nuevo hallazgo abre una ventana a una fase anterior al uso del fuego, en la que los primeros seres humanos ya podrían haber empezado a cocinar en aguas termales. Esta es la conclusión de un estudio en el que participa la Universidad de Alcalá y que se desarrolla en la garganta de Olduvai (Tanzania).