Suscríbete al boletín semanal

Recibe cada semana los contenidos más relevantes de la actualidad científica.

Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones
Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones
El estudio se ha publicado en ‘Water Research’

El proceso de desalinización de aguas salobres reduce en un 50% el impacto medioambiental con respecto a la utilización de agua de mar

La desalación por ósmosis inversa de aguas salobres y de mar se ha convertido en una tecnología competitiva. Un estudio pionero en Análisis de Ciclo de Vida (ACV) demuestra que, empleando esta técnica en aguas salobres, se reduce en un 50% el impacto medioambiental del proceso, respecto al tratamiento con agua de mar.

El interior de la planta desaladora de Cuevas del Almanzora (Almería) muestra el proceso y las membranas de ósmosis inversa. Foto: Iván Muñoz.

Debido a la creciente implantación de la desalación por ósmosis inversa, un proceso que permite separar las sales del agua mediante membranas, el equipo de investigadores de la Universidad de Almería ha evaluado el impacto medioambiental de este proceso en aguas salobres. Las plantas desaladoras pueden emplear, además del agua de mar, aguas subterráneas procedentes de acuíferos salobres más o menos profundos, así como aguas superficiales procedentes de humedales o salinas.

Las conclusiones, publicadas en Water Research, marcan un hito en el estudio de desaladoras que actúan por ósmosis inversa en aguas salobres ya que, hasta la fecha, sólo se había realizado en agua de mar. La investigación demuestra que este método implica un consumo energético mucho menor que cuando se utiliza agua de mar.

El estudio ha comparado la planta de Cuevas del Almanzora (Almería), una planta de desalación por ósmosis inversa de aguas salobres, con datos de otros estudios sobre desalación de agua de mar. El autor principal del estudio, Iván Muñoz, ha explicado a SINC la principal conclusión: “Este proceso puede considerarse ambientalmente preferible, siempre que no se sobreexplote el recurso hídrico”.

Mediante la utilización del Análisis de Ciclo de Vida (ACV) -una herramienta que evalúa las implicaciones medioambientales de productos y procesos-, se ha constatado que la desalación por ósmosis inversa utilizando aguas salobres permite “reducir casi a la mitad las emisiones de dióxido de carbono por metro cúbico de agua desalada con respecto a la utilización de agua de mar”, precisa el investigador.

El proceso de desalación por ósmosis inversa en aguas salobres es más ecológico porque, según comenta Muñoz, “la concentración de sales en el agua que se desala es menor, por lo que requiere menos energía para el proceso”. El estudio demuestra que la clave reside en el menor consumo de electricidad.

Por otra parte, el impacto ambiental se reduce también porque los residuos líquidos de la desalación con agua salobre tienen una concentración de sales similar a la que tiene el mar. Las corrientes de agua residual obtenidas por este proceso se devuelven al mar y provocan “un menor desequilibrio ecológico en el medio marino”, en comparación con las que se obtienen del agua de mar, que son altamente saladas (como las salmueras).

Limitaciones ecológicas de la desalación

Aunque el estudio promueva para la desalación por ósmosis inversa la explotación de los recursos de aguas salobres frente a los de agua de mar, el proceso está limitado por su propio recurso hídrico. “Mientras que el agua de mar es, en la práctica, un recurso ilimitado, la sobreexplotación de un acuífero costero da lugar a un incremento progresivo de su nivel de sales”, subraya a SINC el investigador.

La correcta gestión del recurso renovable es necesaria para que no se extraiga más agua de la que se repone de forma natural. Muñoz recalca que este requisito puede “conducir a problemas ambientales como la intrusión marina (aumento de sales en el agua subterránea por entrada de agua de mar), así como la desecación o salinización de humedales, ya que las aguas subterráneas y las superficiales están interconectadas”.

El trabajo publicado se enmarca dentro del proyecto CONSOLIDER-TRAGUA, en el que participan 24 grupos de investigación españoles. Este proyecto, según sus autores, pretende sentar las bases para la reutilización de aguas residuales urbanas en España, de las cuales hoy en día sólo se aprovecha alrededor de un 5%.

Más de 700 desaladoras en España

España es uno de los países europeos con mayores problemas de disponibilidad de agua y cuya demanda es creciente. Entre las diferentes iniciativas españolas que se han puesto en marcha para garantizar la disponibilidad de agua potable, se encuentra la implantación de plantas de desalinización, en particular, por ósmosis inversa. Según el Programa AGUA del Ministerio de Medio Ambiente, en España existen más de 700 desaladoras que producen más de 800.000 metros cúbicos por día, de los cuales el 52,9% provienen de agua salobre, y el 47,1% restante proviene de agua de mar.

---------------------

I. Muñoz, A.R. Fernandez-Alba. “Reducing the environmental impacts of reverse osmosis desalination by using brackish groundwater resources” Water Research 42(3): 801-811 FEB 2008

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons
Artículos relacionados
La mejor técnica para salvar a un pequeño ratón es saber reconocerlo

El ratón recolector de las marismas, protagonista del #Cienciaalobestia, compite por su hábitat, cada vez más degradado, con ocho millones de personas en la bahía de San Francisco, en EE UU. Su conservación se complica por su similitud con otro pequeño roedor que no está peligro de extinción. Una nueva herramienta mejora su identificación para evitar su desaparición.

Los microplásticos llegan a la dieta de los pingüinos antárticos

Un estudio con participación española ha permitido encontrar trazas de materiales plásticos en las heces de pingüinos antárticos de tres diferentes especies: Adelia, barbijo y papúa. El equipo ha hallado en las muestras poliéster y polietileno, entre otras partículas de origen humano, como las fibras de celulosa.