Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones
Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones
Ciencias de la Vida

Estas son las especies invasoras que amenazan la biodiversidad de la Antártida

El mejillón mediterráneo, el alga wakame y algunas especies de plantas terrestres e invertebrados están entre las 13 especies que tienen más probabilidades de dañar los ecosistemas de la península antártica. Esta es la principal conclusión de un estudio, en el que ha participado un investigador de la Universidad de Córdoba.

Mejillón mediterráneo (Mytilus galloprovincialis), una de las posibles especies invasoras en la Antártida. / Andrew Butko

Las especies invasoras son especies no nativas que son introducidas en un hábitat nuevo y consiguen adaptarse a él, desplazando o provocando la extinción de las especies autóctonas. La movilidad de personas y mercancía a lo largo y ancho del mundo aumenta esta amenaza que constituye una de las principales causas de pérdida de biodiversidad en todo el mundo.

La erradicación de especies invasoras es posible, pero es muy dificultosa y nada económica

Aunque esté inhabitada, la Antártida tampoco se escapa a este problema. Debido a las actividades científicas y al creciente turismo, la península antártica, tiene un gran riesgo de que especies invasoras se introduzcan en su hábitat y acaben con algunas de las especies autóctonas del lugar.

Un equipo de investigación internacional, entre los que se encuentra el investigador de la Universidad de Córdoba Pablo González Moreno, ha identificado las 13 especies invasoras que podrían amenazar la biodiversidad de la Antártida con más probabilidad.

“Las especies han sido evaluadas según tres criterios principales: el riesgo de entrada en la península antártica, el riesgo de sobrevivir y generar descendencia y el riesgo de generar un impacto negativo en la biodiversidad y los ecosistemas de la región”, explica el investigador.

Las especies más problemáticas

Entre ellas, las más problemáticas son el mejillón chileno y el mediterráneo, el alga marina comestible conocida como wakame, algunos cangrejos, ácaros, algunos insectos, así como plantas terrestres como Leptinella scariosa y Leptinella plumose.

Las más problemáticas son el mejillón chileno y el mediterráneo, el alga marina comestible conocida como wakame

Estas especies no nativas pueden ser transportadas de diferentes maneras. Las personas visitantes pueden llevar semillas sobre la ropa o en la suela de los zapatos que pueden terminar arraigando en el nuevo suelo.

Por su parte, los barcos pueden tener especies, como los mejillones, adheridos a su casco y en su interior, especialmente en los recursos de comida fresca, pueden esconderse diferentes plantas e insectos. También ratones y ratas pueden ser una amenaza. Algunas de las islas antárticas como la Isla Marión y la isla de Georgia del Sur ya han sido invadidos por estos roedores, aunque esto no se espera que suceda aún en la Península Antártica.

Estas especies y muchas otras requieren medidas de mitigación para reducir su impacto en las frágiles comunidades biológicas de la Antártida, tanto en hábitos marinos como terrestres. Algunas especies no nativas ya se han establecido cerca de centros de investigación y lugares turísticos. La erradicación de especies invasoras es posible, pero es muy dificultosa y nada económica.

“La única manera de evitar esta amenaza es implementando un sistema de bioseguridad robusto que minimice el riesgo de entrada de especies invasoras, así como un sistema de alerta temprana que haga un seguimiento de la región para identificar el establecimiento de nuevas especies invasoras”, afirma González Moreno. Solo entonces, será posible reducir los riesgos y proteger los vulnerables ecosistemas antárticos de la amenaza de especies no nativas.

Referencia bibliográfica:

Kevin A. Hughes, Oliver L. Pescott, Jodey Peyton, Tim Adriaens, Elizabeth J. Cottier-Cook, Gillian Key, Wolfgang Rabitsch, Elena Tricarico, David K. A. Barnes, Naomi Baxter, Mark Belchier, Denise Blake, Peter Convey, Wayne Dawson, Danielle Frohlich, Lauren Gardiner, Pablo González-Moreno, Ross James, Christopher Malumphy, Stephanie Martin, Angeliki F. Martinou, Dan Minchin, Andrea Monaco, Niall Moore, Simon A. Morley, Katherine Ross, Jonathan Shanklin, Katharine Turvey, David Vaughan, Alexander G. C. Vaux, Victoria Werenkraut, Ian J. Winfield and Helen E. Roy "Invasive non-native species likely to threaten biodiversity and ecosystems in the Antarctic Peninsula region". Global Change Biology. DOI: 10.1111/gcb.14938

Fuente:
UCO
Derechos: Creative Commons.
Artículos relacionados
Alt de la imagen
Los primeros ladrones de comida del mundo animal
Estos animales marinos soportaron a los parásitos más antiguos que se conocen

Un equipo de científicos ha descubierto la relación entre parásito y huésped más arcaica conocida, la de un tipo de braquiópodos –muy parecidos a las almejas– que conservan en sus conchas unos tubos que robaban su comida. El hallazgo retrasa los orígenes de esta práctica en más de 25 millones de años.

Alt de la imagen
La almeja fina revela la alta contaminación de varias lagunas costeras en Túnez

Para conocer la salud ambiental de las lagunas costeras del litoral de Túnez, un equipo de científicos españoles,  tunecinos y portugueses utilizó la almeja fina como bioindicador. Los resultados muestran que las almejas con mayores niveles de metales pesados provenían de las lagunas con la temperatura del agua caliente, donde se llevan a cabo actividades pesqueras y cultivos intensivos de almejas para consumo humano.