CIENCIAS NATURALES: Ciencias de la Vida

La mano humana ha evolucionado menos de lo que se pensaba

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A lo largo de la historia evolutiva, la estructura de la mano moderna ha cambiado poco desde que humanos y chimpancés compartieran un ancestro común hace millones de años. Así lo revela un equipo internacional de científicos, liderado por un español, que demuestra que tanto la forma de nuestra mano como la “pinza de precisión” asociada a ella aparecieron antes que la fabricación de las primeras herramientas de piedra. El estudio arroja también luz sobre el ancestro común de humanos y chimpancés.

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SINC | | 14 julio 2015 17:00

<p>La pinza de precisión humana era ya efectiva antes de la aparición de las primeras herramientas de piedra, y no al revés. / Sergio Almécija</p>

La pinza de precisión humana era ya efectiva antes de la aparición de las primeras herramientas de piedra, y no al revés. / Sergio Almécija

Hace entre seis y siete millones de años, humanos y chimpancés compartieron un ancestro común, por ello muchos científicos asumen que el chimpancé representa un fósil viviente del pasado humano. En este proceso evolutivo, la mano humana habría pasado de un estado inicial o condición primitiva tipo chimpancé –con dígitos largos en relación a un pulgar corto– a las proporciones actuales –pulgar largo– para manipular mejor.

La estructura general de la mano humana es en realidad muy primitiva

Sin embargo, un nuevo estudio, publicado en Nature Communications y liderado por un investigador español, revela que la estructura general de la mano humana es en realidad muy primitiva. Esto implica que las proporciones de nuestra mano no son el simple resultado de presiones selectivas para la fabricación de herramientas de piedra. Al contrario, cuando los primeros miembros del linaje humano (los homininos) empezaron a construir herramientas líticas de forma sistemática, sus manos ya eran muy parecidas a las nuestras.

“En términos de las proporciones internas (longitud relativa del pulgar a los dígitos), la mano humana ha cambiado menos que la de un chimpancé, que ha alargado mucho los dígitos, probablemente para moverse de una manera más eficiente y acrobática por los árboles”, apunta a Sinc Sergio Almécija, autor principal e investigador asociado en el Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont de la Universidad Autónoma de Barcelona.

La mano humana, más primitiva que la del chimpancé

Para llegar a estas conclusiones, el equipo de científicos midió las proporciones de las manos de humanos, primates actuales y fósiles, así como las de homininos fósiles como Ardipithecus ramidus (que vivió hace 4,4 millones de años) y Australopithecus sediba (hace 2 millones de años). En total, se estudió en detalle la longitud de los huesos largos del dígito cuarto y el pulgar en relación al tamaño corporal de más de 270 individuos. 

La mano de los chimpancés ha cambiado más que la de los humanos desde que ambos compartieran el ancestro común

Los resultados demuestran que la mano de los chimpancés ha cambiado más que la de los humanos desde que ambos compartieran el ancestro común, cuyo fósil aún se desconoce. En este sentido, “la mano de chimpancés es convergente (ha adquirido una morfología similar de forma independiente) a la del orangután, otro simio de grandes dimensiones que se mueve ágilmente por los árboles”, explica Almécija, en la actualidad en la George Washington University (EE UU).

En cambio, el trabajo muestra que “la mano humana, así como la de los homininos, no ha cambiado mucho en comparación a la condición primitiva, que está presente en algunos monos actuales y simios fósiles como Proconsul heseloni (procedente de África hace 18 millones de años)”, añade el investigador.

Figure1

a) ilustración de las manos de chimpancés y humanos b) longitud de los huesos largos del dígito cuarto respecto a la del pulgar de humanos, primates actuales y fósiles, y homininos. / Sergio Almécija

El ancestro común seguramente escalaba árboles y se movía por ellos sin dificultad pero no estaba adaptado a colgarse debajo de las ramas

El uso evolutivo de la mano

Hasta ahora, se consideraba también que la morfología de la mano humana había evolucionado en gran medida a lo largo de los años específicamente para fabricar y usar herramientas de piedra de manera eficiente. Pero el estudio indica que “seguramente la ‘pinza de precisión’ humana era ya efectiva antes de la aparición de las primeras herramientas de piedra, y no al revés”, comenta Almécija.

Además, la poca evolución de la mano humana arroja luz sobre el modo de locomoción del ancestro a partir del cual los primeros homininos bípedos evolucionaron. Según el científico, el ancestro pudo tener unas manos relativamente cortas, más parecidas a la de los humanos que a la de los chimpancés, aunque quizá no muy diferentes de gorilas, como sugiere el estudio.

“Esto quiere decir que el linaje humano evolucionó de un ancestro que no era tan especializado como chimpancés y orangutanes. Es decir, seguramente escalaba árboles y se movía por ellos sin dificultad (incluso los gorilas lo hacen en la actualidad, aun siendo tan grandes), pero no estaba adaptado a colgarse debajo de las ramas ni a moverse por ellas de una forma acrobática”, concluye el experto.

Referencia bibliográfica:

Sergio Almécija et al. “The evolution of human and ape hand proportions” Nature Communications DOI 10.1038/ncomms8717 14 de julio de 2015

Zona geográfica: Internacional
Fuente: SINC

Comentarios

  • Joaquin Felix Rodriguez Bassecourt |20. julio 2015 08:46:47

    La potencia evolutiva es limitada por la especialización adaptativa, lo que implicaría que son las especies que conservan la potencialidad evolutiva, las que están en condiciones optimas aprovechar la información generada por las especies mejor adaptadas.

    Nuestro modelo evolutivo actual no considera la existencia de una red informática general formada por el conjunto de los fenotipos de la biomasa, con una jerarquía programática evolutiva fundamentada sobre el desarrollo genotípico y fenotípico de la biomasa, en función unos parámetros reguladores como los que corresponderían una realidad existencial cósmica que constituye simplemente una ley física de conservación, por ello tenemos tendencia a realizar interpretaciones mecanicistas de la evolución sociocultural de la biomasa, sin plantearnos la existencia de otros modelos socioculturales fundamentados en tecnologías no mecanicistas de las fuerzas productivas. Como tampoco solemos preguntarnos sobre las limitaciones de los modelos socioculturales no mecanicistas de las fuerzas productivas, así como el hecho de la biomasa desarrollara un modelo mecanicista sociocultural.

    Por otro lado cuando hablamos de nosotros damos por supuestos que nuestros condicionamientos socioculturales infrahumanos, son lo que nos hacen humanos, cuando lo mas probable es que estos condicionamientos socioculturales infrahumanos funcionalmente humanizados, sean parásitos de nuestras humanidad así como los responsables funcionen según criterios ecológicos infrahumanos.

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