Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones
Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones
Ciencias de la Vida

Los humanos fabricaron cráneos copa hasta hace 4.000 años

La fabricación sistemática de cráneos copa fue un ritual que se extendió desde finales del Paleolítico, hace 20.000 años, a la edad del Bronce, hace unos 4.000 años. Así lo revela el estudio de las marcas de carnicería sobre fósiles de Atapuerca y de otros yacimientos europeos. La extracción del cuero cabelludo y de la carne fue meticulosa y destinada a limpiar esta parte del cuerpo con el fin de elaborar cuencos.

Cráneos copa procedentes de la Cueva del Mirador en Atapuerca. / Palmira Saladié/IPHES

El uso de cráneos humanos para celebrar rituales se ha documentado en numerosos yacimientos arqueológicos de diferentes edades y zonas geográficas. Su práctica pudo estar relacionada con la decapitación para la obtención de trofeos de guerra, la producción de máscaras como elementos decorativos (incluso con grabados) o lo que se conoce como cráneos copa.

La fabricación sistemática de los cráneos copa comenzaba con la extracción del cuero cabelludo y continuaba con la extracción del tejido muscular

De hecho, algunas sociedades pretéritas consideraron que los cráneos humanos poseían poderes o fuerza de vida, y en ocasiones se recogían como prueba de superioridad y autoridad en confrontaciones violentas. Los científicos han podido reconocer posibles prácticas ceremoniales gracias a diferentes señales observadas en los huesos.

Las modificaciones más comunes relacionadas con el tratamiento ritual de los cráneos son las producidas con los cuchillos de piedra o metal, es decir, marcas de corte, durante la extracción del cuero cabelludo. Entre los paleoindios americanos, por ejemplo, esta práctica está bien documentada arqueológicamente y se han identificado señales de este tipo en disposición circular alrededor de la cabeza.

En Europa, los cráneos copa han sido identificados en conjuntos que van desde el Paleolítico superior, de unos 20.000 años de antigüedad, hasta la edad del Bronce, hace unos 4.000 años. La fracturación meticulosa de estos cráneos sugiere que no está únicamente relacionada con la necesidad de extraer el cerebro con fines nutricionales, sino que fueron producidos de manera concreta e intencional como contenedores o vasos.

Así se constata en un estudio realizado por un equipo liderado por el IPHES (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social), que ha desarrollado un análisis estadístico para evaluar si las marcas de corte sobre fragmentos de cráneo del nivel TD6.2 de Gran Dolina en Atapuerca, Gough’s Cave (Gran Bretaña), Fontbrégoua (Francia), Herxheim (Alemania), y la Cueva de El Mirador también en Atapuerca, responden a una elaboración sistemática.

Los resultados, publicados en la revista Journal of Archaeological Science, concluyen que estas marcas ciertamente responden a un patrón concreto en los yacimientos de cronologías más recientes, y en un modo de tratar los cráneos que se perpetuó casi 15.000 años.

Un patrón concreto para crear copas

El estudio ha considerado el hueso como un mapa sobre el que se pueden distribuir las modificaciones de la superficie y se ha valorado si era posible identificar un patrón específico para la fabricación de cráneos copa, comparando evidencias de los diferentes conjuntos antes mencionados. 

El estudio ha considerado el hueso como un mapa sobre el que se pueden distribuir las modificaciones de la superficie 

Así se han identificado modificaciones específicas relacionadas con el comportamiento humano y se ha descrito estadísticamente la importancia de la localización de las marcas de corte en zonas concretas de los cráneos.

Se trata de las estrías hechas con herramientas de piedra, que se realizaron principalmente durante la extracción del cuero cabelludo y de la carne de forma meticulosa y de manera reiterada, actuaciones que indican la limpieza intensa de cráneos en los casos específicos de Gough’s Cave, Fontbrégoua, Herxheim y La Cueva del Mirador. Sin embargo, este modelo no ha sido observado sobre los restos de Homo antecessor procedentes del nivel TD6.2.

La fabricación sistemática de los cráneos copa comenzaba con la extracción del cuero cabelludo y continuaba con la extracción del tejido muscular. Finalmente, la elaboración de los cráneos finalizaba con la fracturación para preservar la parte más gruesa de la bóveda craneal.

En la actualidad, se desconoce el uso que se les daba a estos huesos con forma de recipiente. La repetición de este patrón, proporciona nuevas evidencias de la preparación de los cráneos para practicas rituales, asociadas en la mayor parte de los casos al canibalismo humano durante la Prehistoria reciente.

Referencia:

Marginedas, F., Rodríguez-Hidalgo, A., Soto, M., Bello, S.M., Cáceres, I., Huguet, R., Saladié, P., 2020. "Making skull cups: Butchering traces on cannibalised human skulls from five European archaeological sites". Journal of Archaeological Science. 114: 105076. DOI:10.1016/j.jas.2020.105076

Fuente:
IPHES
Derechos: Creative Commons.
Artículos relacionados
Alt de la imagen
La moda necesita cambios urgentes para reducir su impacto climático

El 10 % de la contaminación global en el mundo procede de la industria de la moda, sobre todo por el auge de la ‘moda rápida’ que apuesta por una fabricación barata, un consumo frecuente y un uso de corta duración. Un grupo de científicos ha identificado los puntos críticos de la cadena de suministros y pide un cambio más sostenible del modelo de negocio.

Alt de la imagen
Las aves más innovadoras reducen su riesgo de extinción

Ciertas especies de aves son capaces de sobrellevar la destrucción de sus hábitats mejor que otras. Un grupo de científicos revela que estos pájaros lo consiguen porque desarrollan o inventan nuevos comportamientos ante las amenazas, lo que les proporciona una clara ventaja evolutiva. Sin embargo, esto no siempre es garantía de supervivencia, sobre todo ante la caza intensiva.