Los incendios arrasaron Europa durante la extinción masiva del Triásico

Algunos paisajes hablan por sí solos y la vegetación dominante puede ser un síntoma de problemas globales como el calentamiento del planeta. Un nuevo estudio explica que la abundancia de helechos hace 200 millones de años pudo favorecer la agresividad de los incendios.

Representación artística de helechos del Triásico
Representación artística del periodo de máximo esplendor de helechos al final del Triásico. / Mark Garlick

Hace 200 millones de años, el vulcanismo del supercontinente Pangea fue tan virulento que provocó la emisión de 100 000 gigatoneladas de CO2 y protagonizó la extinción masiva del final del Triásico debido al fuerte calentamiento global (entre 5 y 10 grados más de lo habitual). La mayoría de los árboles desaparecieron y los paisajes de Europa fueron colonizados por amplias franjas de helechos.

Un nuevo estudio, publicado en Nature Geoscience, revela que este tipo de plantas fueron un vestigio de los efectos del cambio climático que se vivieron en la época y cuya abundancia propició la existencia de incendios agresivos.

En comparación con los árboles, estas plantas no almacenan tanto carbono y su existencia suele interpretarse como un síntoma del problema, no la solución

Bas van de Schootbrugge, líder del trabajo e investigador de la Universidad de Utrecht

“Los helechos se extienden por paisajes alterados por incendios, erupciones volcánicas o actividades antropogénicas como la deforestación”, explica a SINC el líder del trabajo e investigador de la Universidad de Utrecht, Bas van de Schootbrugge. “En comparación con los árboles, no almacenan tanto carbono y su abundancia suele interpretarse como un síntoma del problema, no como la solución”.

Nueva vía para la investigación

El equipo investigador de la Universidad de Utrecht (Holanda) tuvo acceso a material sedimentario procedente de cuatro núcleos de perforación en Reino Unido. Durante el proyecto generaron registros de paleoincendios al analizar la abundancia de carbón fósil y moléculas orgánicas del humo emitido por el fuego denominadas hidrocarburos aromáticos policíclicos.

Para analizar su virulencia, los investigadores necesitaban una forma precisa de medir el desastre y crearon un método en el que se estudió el cambio de color de los granos de polen y esporas de los helechos fosilizados.  

Por lo general, el color de los microfósiles orgánicos cambia cuando los sedimentos se quedan enterrados debido a los cambios de presión y temperatura. A medida que se encuentran a mayor profundidad, la temperatura aumenta y produce que la materia orgánica atrapada se oscurezca.

Ejemplos de esporas de helechos fósiles de antes y después del intervalo de la extinción masiva del final del Triásico. / Bas van de Schootbrugge

Ejemplos de esporas de helechos fósiles de antes y después del intervalo de la extinción masiva del final del Triásico. / Bas van de Schootbrugge

“Aquí hemos encontrado un patrón diferente”, explica Schootbrugge. En las muestras más antiguas y profundas de los yacimientos, el polen y las esporas anteriores a la extinción son de color claro, durante este periodo adquieren un color marrón oscuro y tras él los colores vuelven a ser más brillantes. “Este fenómeno nos dejó perplejos, ya que se produce en los cuatro núcleos al mismo tiempo”, explica el investigador.

Los investigadores crearon 15 000 mediciones a partir del polen y las esporas de plantas que existían antes, durante y después de la extinción. Al comparar estos residuos, fue posible descartar cualquier efecto biológico específico de determinados grupos de plantas.

“Toda la vegetación muestra el mismo efecto, lo que constituye un claro indicio de que fue el resultado de una fuerza externa”, explica el experto. Al comparar los cambios de color en los microfósiles con otros indicadores de incendios, el equipo se dio cuenta de que esta ‘zona oscura’ revelaba eventos forestales prolongados e intensos durante el intervalo en el que predominaban los helechos.

El infierno del Triásico

El crecimiento de estos ejemplares durante la extinción masiva del Triásico fue el resultado de una combinación de factores como la deforestación, la erosión del suelo, el efecto invernadero y la abundancia de incendios forestales. Schootbrugge señala que los helechos son extraordinarios porque han resistido numerosas crisis a los largo de la historia de la Tierra.

Además, algunas especies pueden extenderse por paisajes alterados incluso después de graves incendios. Según explica el experto, este tipo de flora vuelve a crecer gracias a sistemas radiculares subterráneos, algo que probablemente desempeñó una función importante para su expansión en este periodo.

Cuando los helechos se secan, actúan como el combustible ideal para desencadenar incendios forestales masivos

Bas van de Schootbrugge, líder del trabajo e investigador de la Universidad de Utrecht

Pese a que es una vegetación resistente, los helechos pueden ‘asfixiar’ a la vegetación local y, al secarse, formar lo que se denomina ‘escaleras de fuego’.

“Cuando los helechos se secan, actúan como un tipo de combustible ideal para desencadenar incendios forestales masivos”, explica Van de Schootbrugge. “Los helechos respondieron a las condiciones y proporcionaron el combustible que avivó las llamas y protagonizó lo que fue un mundo verdaderamente infernal”.

El experto concluye que la lección que se puede extraer de su trabajo es que la combinación de factores como el cambio climático, la deforestación y la propagación de especies vegetales pudieron proporcionar todos los ingredientes para la extinción de la biodiversidad en esta época.

Referencia:

Hollaar. T. et al. Continental-scale fern savannah wildfires during end-Triassic greenhouse warming. Nature Geoscience 2026.

Fuente:
SINC
Derechos: Creative Commons.
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