Los incendios forestales dejan una factura que va mucho más allá de las hectáreas quemadas. Los costes económicos, sociales y ambientales que generan estos desastres van desde la pérdida de biodiversidad y productividad hasta el impacto sobre el turismo y las infraestructuras. La prevención se plantea como la inversión más rentable.
El clima más cálido y seco está aumentando drásticamente el riesgo de incendios forestales en el sur de Europa, según una nueva investigación con participación española. Los resultados muestran que, a pesar de que se han registrado menos incendios en la región desde la década de 1980, los que se producen son más difíciles de controlar.
El calentamiento global favorece las condiciones meteorológicas que facilitan la propagación de los incendios forestales, según la Organización Meteorológica Mundial. El organismo recuerda, sin embargo, que el origen de estos fuegos responde a múltiples factores y no únicamente al cambio climático.
Nuestro país pierde 520 ovejas y 82 cabras al día. El pastoreo extensivo y la trashumancia siguen siendo unas de las herramientas más eficaces y menos costosas para evitar incendios. Sin embargo, su baja rentabilidad y dureza hacen que esta práctica se extinga.
Los grandes incendios forestales que se están produciendo en España hacen surgir la pregunta de si faltan medios para hacerles frente. Según el consenso científico, la clave no está en aumentar los recursos de extinción, sino en invertir más en prevención y gestión del territorio.
Hasta el 26 de julio se han registrado 32 grandes incendios forestales, frente a los siete contabilizados en las mismas fechas del pasado año. Esto multiplica por cuatro al número de incendios que superan las 500 hectáreas afectadas con respecto a 2025.
El humo de estos grandes fuegos es una mezcla compleja de gases y partículas finas que dañan nuestro organismo tras penetrar en las vías respiratorias y acceder al torrente sanguíneo. La creciente incidencia de estos desastres climáticos aumenta el riesgo de exposición.
Los incendios que afectan a la Comunidad de Madrid y la provincia de Ávila ya han obligado a desalojar a 11 500 personas, lo que ha provocado que el Gobierno declarase la emergencia nacional en estas regiones. En Castilla y León hay activos un total de diez incendios, aunque evolucionan de forma favorable.
Incendios como el Guadalajara hace disparar la superficie quemada en el país, que ya supera las 120 000 hectáreas en lo que llevamos de 2026. Estos datos sitúan a España muy lejos de otros países como Italia y Francia, que apenas superan las 45 000 hectáreas quemadas.
Dónde, cuándo y cómo se producen los incendios está cambiando: están aumentando en poder destructivo y llegan a zonas más urbanas. Ahora se necesitan estrategias políticas que se basen en la preparación, mitigación y adaptación de las poblaciones.