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Para mandar no hace falta ser ‘borde’: una personalidad desagradable no ayuda a ascender en el trabajo

Un estudio analiza la relación entre tener un carácter agresivo, dominante y egoísta, y alcanzar posiciones laborales de poder. Conductas como la intimidación podrían suponer ventajas; pero quedan canceladas por la poca capacidad de establecer alianzas personales.

Los individuos egoístas, manipuladores y propensos a discusiones no obtuvieron mejores cotas de poder en sus empresas. / Pixabay

En los ambientes profesionales es típico el comentario “ese ha llegado a jefe siendo mala persona”. Muchos trabajadores han conocido algún individuo con un puesto de responsabilidad que es egoísta, manipulador y agresivo. Lo que no está tan claro es si esas características de la personalidad son las que ayudan a medrar en el mundo laboral.

¿Es más probable que los individuos desagradables alcancen el poder que los agradables? La pregunta es importante porque los jefes abusivos crean culturas de abuso.

Una investigación publicada en el último número de PNAS ha analizado la relación entre la personalidad desagradable —personas egoístas y crueles, entre otras características— y la obtención de mejores puestos en la jerarquía laboral.

La intimidación genera miedo en los compañeros de trabajo, lo que favorece la obtención de poder. Pero la falta de alianzas laborales por este miedo neutraliza esta ventaja

Cameron Anderson, investigador principal del trabajo y doctor en Psicología Social y de la Personalidad por la Universidad de California en Berkeley (EEUU), explica a SINC que los individuos con estas características “se comportan de manera que podrían aumentar su poder, pero al mismo tiempo lo limitan”.

Según detalla el autor, las personas desagradables son intimidantes, agresivas y dominantes, lo cual podría suponer ciertas ventajas a la hora de medrar en la empresa; pero esos rasgos también suponen desventajas sociales que cancelan este efecto: “Sus compañeros sienten miedo de ellos y eso, normalmente, realzaría su poder. Sin embargo, son tan egoístas que tienen malas relaciones con sus colegas, por lo que los beneficios obtenidos con la intimidación se neutralizan con la falta de alianzas laborales”.

“Es como si una persona se ejercita mucho para mantenerse en forma pero, al mismo tiempo, mantiene una dieta insalubre. Puede estar físicamente bien, pero su alimentación le impide mejorar”, ejemplifica.

¿Cómo se estudia una personalidad desagradable?

Muy pocos están dispuestos a considerarse abiertamente como una persona desagradable, por lo que la investigación optó por hacer preguntas indirectas sobre la personalidad de los participantes

El equipo de investigación realizó un estudio longitudinal —un tipo de estudio observacional en el que se recopilan datos de las mismas personas a lo largo de mucho tiempo—. Primero evaluaron la personalidad de 671 estudiantes de universidades estadounidenses entre 1999 y 2008 con cuestionarios y antes de que se incorporasen al mercado de trabajo.

Diez años después del final de esa primera ronda, en 2018, analizaron cómo había evolucionado la carrera profesional de estos graduados y elaboraron nuevos cuestionarios dirigidos a ellos y a 540 compañeros de trabajo. En esta segunda oleada, los colegas respondieron sobre su percepción de los participantes de la muestra original, del ambiente de trabajo, el control sobre los empleados y la jerarquía.

Como resultado, los investigadores concluyeron que “los individuos que eran egoístas, manipuladores y desagradables no habían conseguido posiciones laborales más altas que aquellos que eran generosos, honestos y agradables”, explica Anderson.

El primer problema de esta metodología, admite Anderson, es que muy poca gente está dispuesta a considerarse abiertamente como una persona desagradable. “Por ello, preferimos realizar preguntas indirectas sobre su personalidad, como ‘¿Consideras que eres grosero a veces con los demás?’ o ‘¿Eres propenso a iniciar discusiones con otros?’. Quienes suelen estar de acuerdo con estas afirmaciones son más desagradables”, detalla a SINC por correo electrónico.

Para descartar que la personalidad de los participantes hubiera cambiado mucho entre las dos fases del estudio —podrían haber mejorado su actitud ante sus compañeros—, el investigador explica que en la segunda oleada (en 2018) obtuvieron los mismos resultados sobre sus conductas que en la primera.

La extraversión sí favorece en el tajo

Las posiciones laborales más altas podrían fomentar la aparición de rasgos de personalidad problemáticos, como la falta de ética

La investigación concluye, por otro lado, que la extraversión y las características de este tipo de personalidades sí están asociadas a la obtención de poder laboral. Aquellos individuos energéticos, asertivos y más sociables durante su etapa educativa acabaron alcanzando mejores puestos de trabajo en sus empresas en comparación con los desagradables.

Los resultados de este trabajo descartan que la personalidad desagradable ayude a obtener mejores cotas de poder; pero las posiciones laborales más altas podrían fomentar la aparición de rasgos de personalidad problemáticos, como la falta de ética.

Otra de las conclusiones que se extraen de la investigación es que la edad, la etnia, el género o la cultura empresarial no están asociados con los efectos observados entre personalidad desagradable y obtención de poder.

Referencia:

Cameron Anderson, Daron L. Sharps, Christopher J. Soto, and Oliver P. John. “People with disagreeable personalities (selfish, combative, and manipulative) do not have an advantage in pursuing power at work”. PNAS.

Fuente:
PNAS
Derechos: Creative Commons.
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