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El cambio más eléctrico

La forma en que vivimos se apoya sobre una robusta, pero no infalible, malla eléctrica, que desde la Revolución Industrial se ha fijado en el paisaje. Pero el entretejido que cubre el país está a punto de vivir otra revolución, esta vez impulsada por las fuentes de energía renovables y por la llegada del coche eléctrico. Y para que la red pueda resistir a los cambios que vienen, organismos de investigación y empresas de todo el país se aplican en investigar, desarrollar e innovar.

El "Jamais Contente", vehículo electrico que fue el primer automóvil en alcanzar los 100 km/h en 1899. Foto: Wikimedia

“Las nuevas redes tendrán conectados más centros de generación eléctrica, que serán más pequeños, y estarán más cerca de los puntos de consumo”, afirma Luis Manuel Santos Moro, responsable del departamento de Innovación de HC Energía en Asturias. Esta multiplicación de los nodos es uno de los rasgos que está cambiando la forma de la red, y presenta no pocos quebraderos de cabeza a las compañías gestoras de la distribución eléctrica, que ven cómo se multiplican las variables a tener en cuenta para asegurar un suministro adecuado a las necesidades de los clientes en cada momento.

El detonante de este cambio es, entre otros factores, que ya no sólo vuelcan energía en las redes de distribución las grandes compañías; sino que pequeñas empresas y particulares pueden vender el excedente que producen sus paneles solares y generadores eólicos. Pero la generación renovable no puede programarse como los sistemas convencionales: hay días nublados y sin viento, en los que la producción es menor y aún así, la red debe poder responder a los picos de demanda energética. “La dificultad de almacenamiento de energía eléctrica implica que el parque de generación esté dimensionado para atender los máximos de demanda, aun en situaciones en las que las renovables no estén en condiciones de producir energía eléctrica. Pero eso conlleva un problema de sobrecapacidad”, indica Santos Moro.

Es uno de los retos que hacen necesario un nuevo modelo de red, que pueda integrar a múltiples centros productores de media y baja tensión, que incluya equipos que permitan almacenar la energía y con ello aprovechar mejor la producción variable de las renovables, desarrollar la superconductividad y la electrónica de potencia, así como la gestión de una información cada vez más abundante y compleja. Una tarea que aborda el Proyecto Singular Estratégico Redes 2025 impulsado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y en el que participan HC Energía y el Grupo Isastur. Con un presupuesto global de 40 millones de euros, el proyecto reúne a empresas e ingenierías, centros tecnológicos e institutos de investigación, universidades y organismos públicos de investigación, hasta sumar 45 socios de todo el país.

Coche eléctrico y sistema de recarga en Gijón (Proyecto Living Car). Fotografía cedida por L. S. M.

De hecho, una buena parte del viaje del sector eléctrico hacia el conocimiento será a bordo del coche eléctrico, en el que también caben diversos centros de investigación y empresas, como es el caso de otro Proyecto Singular Estratégico: Cityelec, aprobado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y coordinado por el centro tecnológico Robotiker-Tecnalia. Entre las 32 entidades que investigarán en los componentes del sistema de propulsión del vehículo eléctrico y en la infraestructura necesaria para recargarlo en el entorno urbano, se encuentran las Universidades de Extremadura, la Politécnica de Cataluña y la del País Vasco, el centro de investigación IAI-CSIC y las empresas asturianas HC Energía y Grupo Temper.

“La cadena de producción y consumo energético será más eficiente con el coche eléctrico, que tiene entre otras ventajas que las emisiones pasan de ser difusas, con millones de coches emitiendo gases contaminantes, a que se concentren en algunos puntos de producción eléctrica, con lo que podrán controlarse con mayor facilidad”, afirma Santos Moro.

Pero no todo son ventajas instantáneas: este especialista explica que un uso masivo del coche eléctrico produciría en estos momentos considerables problemas para la red, puesto que cargar un vehículo de forma rápida supondría picos de demanda de potencia para los que la red aún no está preparada. Ahí es donde entroncan los desarrollos de I+D+i que están acometiendo el sector de la producción y distribución eléctrica con la de los fabricantes de baterías y componentes eléctricos como Grupo Temper, que con nuevos desarrollos en el campo de las baterías y sistemas de carga podrían aliviar la presión al sistema de distribución de electricidad.

Es por eso que las asturianas HC Energía y Grupo Temper, junto con el Grupo Isastur y Prometeo Innovations han acometido el proyecto Living Car que, con Gijón como laboratorio, se orienta a estudiar las ventajas y problemas que presenta el uso de coches eléctricos y sus infraestructuras de carga. Entre 2009 y 2012, el proyecto tiene asignada una ayuda de 188.892 € del Plan de Ciencia, Tecnología e Innovación del Principado. Finalmente, tanto HC Energía como el Grupo Temper han formado parte de los grupos de trabajo creados por el Ministerio de Industria para definir la estrategia integral de impulso del vehículo eléctrico en España.

Santos Moro resume así algunos de los objetivos de I+D+i que marcarán el futuro del sector: “desarrollar redes inteligentes que permitan gestionar la oferta múltiple, lograr una mayor eficiencia energética y preparar la red a los cambios que introducirá en ella el coche eléctrico”. Ruge un acelerador más silencioso que nunca.

Fuente: FICYT
Derechos: Creative Commons