Número de resultados (ordenados cronológicamente): 47790
La imaginación para tomar la delantera en el frente no tenía límites, como este ingenio desarrollado por el ejército francés para patinar sobre el agua. / Bibliothèque Nationale de France
La única posibilidad de defensa contra las armas químicas eran las máscaras antigás. Ante la imposibilidad de llevarlas siempre se investigó con varios animales para que funcionaran como detectores, hasta que el norteamericano Paul Bartsch descubrió que las babosas detectan el gas mostaza en el aire mucho antes de que los humanos lo puedan notar. Así, las babosas formaron parte del equipo de campaña de los soldados estadounidenses desde junio de 1918. / Archives of American Art
La guerra de trincheras llegó a su punto máximo de brutalidad y mortalidad en el Frente Occidental. Se construyeron centenares de kilómetros en estructuras donde los soldados podían pasar meses. La mayoría se hizo a pico y pala pero se inventaron artilugios como esta máquina alemana de excavación de trincheras. / Museo del Aire y del Espacio de San Diego
Un equipo alemán de comunicaciones, en el Frente Occidental, usando una bicicleta tándem para alimentar el generador de la estación de radio. / Archivo Nacional Alemán
Un equipo internacional de científicos ha descrito por primera vez el mecanismo molecular que regula la migración de las células Cajal-Retzius en los primeros estadios del desarrollo de la corteza cerebral, la capa más superficial del cerebro. Estas células fueron descubiertas por Ramón y Cajal a finales del siglo XIX.
El ejército francés inventó este traje –de dudosa eficacia– que hacía que su portador no se hundiera en el agua. / www.europeana1914-1918.eu
El ácido oleico promueve la migración de las neuronas y esto a su vez facilita la formación de sinapsis, el contacto entre estas células que permite transmitir los impulsos nerviosos. Un equipo de investigación del Instituto de Neurociencias de Castilla y León (INCYL) de la Universidad de Salamanca explica este hallazgo en un artículo publicado en la revista Brain Research.
No solo era cuestión de camuflar a las personas, también era necesario ocultar a los objetos, aunque fuesen tan grandes como un portaaviones. En de la imagen –el británico HMS Argus– aparece pintado en camuflaje dazzle, una técnica pictórica aplicada desde los diseños cubistas –el arte del momento– para romper las líneas de los barcos en el mar. / National World War I Museum
En ambos bandos se agudizaba el ingenio para observar sin ser visto. En la imagen, un falso árbol británico usado como puesto de observación. / Australian official photographs / State Library of New South Wales
En ambos bandos era común el uso de globos de observación que se usaban para hacer incursiones de pocos kilómetros detrás de las líneas del frente. Los globos eran de una tela resistente e iban rellenos de gas de hidrógeno. Su naturaleza inflamable llevó a la destrucción de cientos de ellos. Los observadores iban suspendidos en una pequeña plataforma. / Benjamin Hirschfeld