BIOMEDICINA Y SALUD: Ciencias clínicas

Juan Carlos Izpisúa, investigador del Instituto Salk de Estudios Biológicos

“En los próximos años retrasaremos la enfermedad en la especie humana”

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Desde que terminó su doctorado en Bioquímica y Farmacología, Juan Carlos Izpisúa (Hellín, 1960), ha recorrido el mundo trabajando en el campo de la biología del desarrollo. Desde su laboratorio, contribuye a la creación de nuevas fronteras en la regeneración de órganos y tejidos y en frenar el envejecimiento.

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Verónica Fuentes | | 13 julio 2019 08:00

<p>Juan Carlos Izpisúa, el pasado mayo en el Centro Nacional de Biotecnología. / SINC</p>

Juan Carlos Izpisúa, el pasado mayo en el Centro Nacional de Biotecnología. / SINC

¿Envejecer es completamente inevitable?

No, digamos que es negociable según la manera en la que interaccionamos con el medioambiente. El genoma de una persona hace cien años es el mismo que ahora, pero ha habido un aumento de treinta años en la esperanza de vida.

Si miramos una colonia de hormigas, la reina y las obreras tienen el mismo genoma, pero su comportamiento, su interacción con el ambiente, lo que comen –lo que marcaría su epigenoma– es distinto; de ahí que vivan una cantidad de tiempo muy diferente.

Gracias a la reprogramación celular, en 2016 consiguió alargar la vida de ratones, ¿en qué punto se encuentra la investigación para frenar el envejecimiento?

Todo va muy despacio. Aunque llevamos muchos años tratando de ralentizar el envejecimiento, no pensábamos que se podía revertir –es decir, rejuvenecer–. Quizás nuestro experimento de 2016 fue la primera vez. Sin embargo, todavía nos falta tiempo para entender bien qué fue lo que hicimos exactamente.

“No se trata de vivir más tiempo, sino de que nuestra vida sea más saludable, especialmente en los últimos años”

De momento, parece que cambiamos la epigenética del animal, no su genética. De ahí que hoy pensemos que esta información es fundamental para entender el envejecimiento.

El concepto de inmortalidad es ciencia ficción hoy pero, ¿viviremos más y mejor?

No se trata de vivir más tiempo, sino de que nuestra vida sea más saludable, especialmente en los últimos años. Las estadísticas son claras: la cantidad de dinero que gastamos en nuestro último año de vida en la Seguridad Social equivale a todo lo que hemos gastado en los años anteriores.

El envejecimiento es el mayor factor de riesgo de enfermedad, así que si entendemos mejor ese proceso de degeneración, haremos que las patologías tarden más en aparecer o no sean tan drásticas.

¿Y será posible una vacuna contra el envejecimiento?

En un plazo no muy largo tendremos el conocimiento sobre aquellos factores que contribuyen a un envejecimiento más saludable. Y se podrán modificar en el laboratorio. No será tanto como una inyección o una vacuna, sino algo mucho más complejo. Pero estoy totalmente convencido de que en los próximos años vamos a poder mejorar el proceso del envejecimiento y retrasar la aparición de la enfermedad en la especie humana.  

España es un país donde la donación de órganos es modélica y se empiezan a tener datos sobre cómo los órganos pueden vivir más de cien años gracias a los trasplantes. Se están haciendo experimentos consistentes en trasplantar en serie el mismo riñón en animales para ver cuánto tiempo pueden vivir y se está viendo que el ambiente influye muchísimo sobre la salud y el envejecimiento del órgano y, por lo tanto, del organismo. Y se trata de mejorar ese aspecto, no de ser inmortales.

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Juan Carlos Izpisúa, durante la entrevista. / Álvaro Muñoz / SINC

¿Y cómo estamos en España en ese sentido?

La esperanza de vida aquí es mucho más alta que en EE UU. Uno de los motivos es que posee uno de los mejores sistemas sanitarios, que permite ir al médico sin tener que costearlo de forma privada. Eso hace que diagnóstico, prevención y tratamiento sean mucho más accesibles que en otras sociedades donde la seguridad social no es la misma.

La ironía es que en cuanto a la investigación –y la cura empieza en los laboratorios– es uno de los países donde hay menos apoyo. Es algo muy difícil de entender para mí ya que desarrollo mi actividad principalmente en EE UU donde la investigación desempeña un papel importante. Apoyar la investigación básica necesita de una cultura que nuestra generación desgraciadamente no ha experimentado. Esto no pasa con la investigación aplicada, en la que todos somos conscientes de su función.

Ya tenemos por primera vez en nuestro planeta dos niñas que poseen capacidades que están ausentes en la población. ¿Esperaban que pasara algo así en China?

Hace dos años en nuestro laboratorio hicimos el mismo experimento pero no lo llevamos a un ser humano. Fuimos los primeros en hacer esa modificación para prevenir la muerte súbita pero decidimos que esos embriones no se implantarían en la madre. Dos años después se han implantado. Era previsible que ocurriera.

“Si se usa apropiadamente, la tecnología CRISPR no será un problema sino un beneficio para la humanidad”

Pertenece al comité de la Academia de Ciencias de EE UU. ¿Será suficiente el aplazamiento global de cinco años para las aplicaciones clínicas de la edición genética en óvulos, espermatozoides y embriones humanos?

Hace un par de años elaboramos una serie de normas y me di cuenta de la diversidad cultural al llevarlo a otras sociedades. Estoy de acuerdo que en que se debe regular pero el conocimiento no lo para nadie. Por eso estoy convencido de que modificaremos nuestras capacidades físicas e intelectuales. Y si se usa apropiadamente no será un problema sino un beneficio para la humanidad. 

¿Qué se puede hacer para que la sociedad entienda la importancia de CRISPR y no tenga miedo de su investigación?

Tecnologías como CRISPR ya están ayudando a que personas que iban a morir mañana, dejen de hacerlo. Pero no sabemos todavía todas las consecuencias que conlleva cortar el ADN; cualquier acto médico tiene riesgos y hay que poner en la balanza lo positivo y lo negativo.

Si no se toca la línea germinal no veo ninguna barrera ética que superar. Pero si se hace, es decir si se va a quedar permanente y pasar a las próximas generaciones, entonces desconocemos totalmente qué es lo que ocurrirá.

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Juan Carlos Izpisúa Belmonte con su equipo. / Instituto Salk

¿Se llegarán a curar algunas enfermedades?

Estamos realmente a las puertas de una verdadera revolución biomédica donde podremos hacer que el ser humano sea mejor o hacer otro ser humano, otra especie. Aunque perfectos nunca vamos a ser y se van a cometer errores. Pero no es el científico el que debe opinar si eso se debe o no aplicar. Es la sociedad la que debe decidir. En mi campo concreto estoy convencido de que vamos a vivir un poco más tiempo y lo vamos a hacer con mejor salud.

¿Seremos capaces de regular los baremos éticos y morales?

La primera persona que realizó un trasplante de riñón tuvo muchos problemas e incluso estuvo a punto de ir la cárcel. Han pasado 50 años desde entonces y no creo que haya alguna persona en el planeta que crea que salvar una vida gracias a este procedimiento no es ético.

“Estamos a las puertas de una revolución biomédica donde podremos hacer que el ser humano sea mejor”

Los baremos éticos cambian en función de los datos alcanzados, que demuestran que algo es bueno, pero también de las circunstancias personales. Modificar la línea germinal es algo que, en este momento, solo lo concibo para enfermedades mitocondriales para las que no existe una cura y condenan a muerte a los niños afectados.

En los otros casos todavía tenemos vías de seleccionar in vitro aquel embrión que no tiene la mutación. Por eso me pregunto la utilidad real de hacer ese cambio en la línea germinal. En el futuro, modificar el genoma para ser mejor y para tener una vida más saludable es una alternativa que va a convivir con nosotros.

Pero sí se espera que se generen desigualdades con la aplicación de CRISPR…

Cualquier progreso ha traído desigualdades al principio. Pero después se han equilibrado. Quizás uno de los avances más importantes en el mundo biomédico son las vacunas, que ahora mismo están extendidas por todo el mundo (y los países que más se benefician son precisamente los más pobres).

Pero si no se hace apropiadamente, estoy convencido que el poder modificar nuestro genoma generará unas desigualdades y una sociedad mucho peor que la que se está intentando arreglar hoy en día.

Obviamente en principio lo que se genere va a ser un conocimiento privado. ¿Y cómo nos vamos a beneficiar las personas que no podamos pagar por ese tratamiento? Es un problema que no soy capaz de resolver. Quizás en un país como España, en el que la sanidad es pública, deberíamos ser más conscientes de que el conocimiento tiene que ayudarnos a todos por igual.

El pasado año la revista TIME le reconoció como una de las 50 personas más influyentes de 2018 en salud.

No sé bien lo que significa ‘ser influyente’. Lo más importante es que hagamos nuestro trabajo lo mejor que podamos. Lo que opinen otros es irrelevante. Uno tiene que estar a gusto con lo que hace.

En su ciudad natal le han puesto su nombre a un instituto, ¿qué les diría a los chicos y chicas en España que se plantean una carrera investigadora?

La educación de los niños es muy importante. Son ellos los que van a decidir qué va a ser la humanidad en 20 años. Hay que decirles lo que está ocurriendo en el laboratorio para que los políticos o administradores que salgan de esa generación puedan regular toda esta tecnología de forma adecuada. En sus manos está el futuro de la humanidad.

Zona geográfica: España
Fuente: SINC

Verónica Fuentes

Verónica Fuentes

Periodista especializada en salud. En SINC es redactora del área de biomedicina. Licenciada en Ciencias Ambientales.

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