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El síndrome de Lynch es una enfermedad poco conocida que aumenta el riesgo de padecer distintos tipos de cáncer. Aun así, hay métodos de diagnóstico que reducen radicalmente la mortalidad asociada a los tumores causados por el síndrome.
Un equipo internacional de expertos, coordinado por investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona, ha presentado hoy en la Delegación del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Bruselas), el Atlas Global de Justicia Ambiental, una plataforma interactiva de mapas que analiza la trayectoria de más de un millar de conflictos ecológicos y espacios de resistencia a nivel mundial. El proyecto quiere llegar a los dos mil casos el 2015.
Investigadores granadinos han determinado la magnitud más precisa de la interacción nuclear fuerte, responsable de la fusión en el interior del Sol, y proponen una nueva forma para la fuerza nuclear, denominada potencial granulado. En su estudio han utilizado más de 8.000 datos experimentales de dispersión entre neutrones y protones.
Polo norte Lunar. / Nasa-Universidad de Arizona
Investigadores del VHIR también desmienten estudios internacionales que relacionaban un tipo de insulina con el riesgo de desarrollar tumores.
Recreación artística de una mujer neandertal (en 1968 en Lezetxiki se encontró el humero entero de una neandertal) y un oso de las cavernas. / José Antonio Peñas | Sinc.
Fragmento de mandíbula de oso de las cavernas consumida por hienas (Crocuta crocuta spelaea) de la cueva de Ekain. / Aritza Villaluenga.
Cráneo de oso de las cavernas que se halló completo en 2008 en la cueva de Lezetxiki. / Aritza Villaluenga.
Investigadores del País Vasco han indagado sobre la interacción de los primeros neandertales y los úrsidos en la cornisa cantábrica. Su trabajo constata un fenómeno particular: los osos de las cavernas alternaron la ocupación de tres cuevas del valle del Deba (Gipuzkoa) con los humanos hace 120.000 años. Esta competencia entre carnívoros también se prueba en otras dos cuevas de la misma región, en humanos adscritos al Chatelperroniense –hace entre 36.000 y 32.000 años–.