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Aunque la reserva total se desploma unas diez veces con la edad, el ovario del ratón mantiene constante la proporción de óvulos que se activan durante toda la vida del animal, en torno al 14 %, según un estudio publicado en Nature Aging. El método funciona con ovarios humanos, lo que abre la puerta a repetir el estudio en personas.
Los avances en el razonamiento de la IA no mejoran inherentemente la imparcialidad de la representación, según un nuevo estudio. Al pedir a dos modelos de lenguaje a gran escala de razonamiento que describan pacientes ficticios con afecciones médicas comunes, estos modelos reproducen con frecuencia estereotipos raciales y de género.
Un modelo de inteligencia artificial generativa creó cientos de genomas de bacteriófagos contra Escherichia coli. Tras sintetizar cerca de 300 en el laboratorio, investigadores de la Universidad de Stanford identificaron 16 con una elevada capacidad para eliminar esta bacteria.
La neurociencia está empezando a reconstruir el cerebro como una red completa de conexiones, avanzando desde organismos muy simples como la mosca de la fruta hasta mamíferos como el ratón. Sin embargo, a medida que el mapa crece, también aumenta la evidencia de que entender su funcionamiento exige mucho más que dibujarlo.
La mayoría de la gente apenas distingue si un relato lo ha escrito una inteligencia artificial o una persona. Los investigadores atribuyen las mejores valoraciones de los textos generados por IA a que resultan más fáciles de entender, un efecto que aumenta cuando los lectores creen que proceden de un autor humano.
Los galardones, dotados con 30 000 euros cada uno, distinguen este año a 20 investigadores e investigadoras. Por primera vez, los premios para jóvenes en Biología y en Transferencia de Conocimiento recaen en mujeres.
Una revisión publicada en Chemical Reviews reúne el conocimiento sobre los dispositivos autooscilatorios, capaces de generar impulsos eléctricos, responder a estímulos y sincronizarse. El trabajo analiza su potencial para desarrollar hardware más eficiente y con un funcionamiento similar al del cerebro.
Un equipo de la Universidad Carlos III de Madrid y el Hospital Universitario Severo Ochoa ha desarrollado una metodología basada en inteligencia artificial que examina las ondas cerebrales nocturnas para identificar alteraciones tempranas del cerebro. La tecnología puede ser complementaria a los análisis de sangre para diagnosticar el alzhéimer en fases tempranas.
MamoRisk recabará datos de 10 000 mujeres seleccionadas entre los programas de detección precoz de 14 comunidades autónomas. En el proyecto participan varios centros españoles y la primera fase acaba de comenzar en Galicia.
Una de las razones por la que la ciudadanía está dejando de usar la inteligencia artificial se debe a la creciente preocupación por la privacidad y la seguridad de los datos. Un informe británico apunta que la percepción sobre sus peligros crece entre la población adulta.