Sala blanca del laboratorio de Paleogenética en Maguncia (Alemania), donde se ha hecho el análisis del ADN óseo. / T. Hartmann
Los enterramientos, como este de la cultura campaniforme en Alemania, proporcionan datos biológicos para reconstruir los movimientos de poblaciones. / State Office for Heritage Management and Archaeology Saxony-Anhalt
Los elefantes espontáneamente interpretan las señales humanas y son capaces de utilizarlas, por ejemplo, para encontrar comida. / Anna F. Smet y Richard W. Byrne.
Un estudio llevado a cabo por científicos del CREAF y del CSIC ha demostrado que el índice de reflectancia PRI permite cuantificar los gases que emiten las plantas para comunicarse entre ellas o en situaciones de estrés. Este índice se calcula midiendo la luz que la vegetación refleja con la ayuda de foto sensores en aviones o mediante imágenes de satélite.
Una investigación de la Estación Experimental de Zonas Áridas ha demostrado por primera vez que un ave, el carbonero común (Parus major), huele cuándo un árbol está infestado por orugas. Estos pájaros son capaces de identificar qué plantas están infectadas por insectos debido a unas señales olfativas que les lanzan.
Investigadores del Departamento de Biología Vegetal de la Universidad de Málaga (UMA) desarrollan sistemas predictivos con el objetivo de diseñar estrategias eficaces para detectar en tiempo real la introducción de especies invasoras como las algas marinas en las costas de Andalucía. Asimismo, estos modelos también se pueden extrapolar a otro tipo de intrusiones que tienen lugar dentro del medio marino como bacterias, virus o peces.
El nombre de Jorge Morales, profesor de investigación del CSIC, va indisolublemente unido al Cerro de los Batallones, un enclave a las afueras de Madrid donde se ubican algunos de los yacimientos terciarios más importantes de España. Este paleontólogo experto en mamíferos del Cenozoico está convencido de que las colecciones son el alma de los museos y en ellas reside su razón de ser.
La especie Carex raimbowii descubierta en la cordillera de los Drakensbergs, región de KwaZulu-Natal (Sudáfrica). / Santiago Martín Bravo et al.
Investigadores de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla han descrito una nueva planta en el Mediterráneo oriental, que crece principalmente cerca de la costa. La importancia de este hallazgo radica en que es el ancestro materno de una especie de origen híbrido, Reseda odorata, utilizada desde la época romana por la fragancia de sus flores y cuya esencia se empleó antiguamente en la industria cosmética.