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Más allá del preservativo: la nueva educación sexual habla de placer, respeto y prevención del abuso

La exitosa serie británica Sex education refleja el poco conocimiento que tienen los más jóvenes sobre su propia sexualidad, a la que todavía miran con vergüenza. Los programas de educación sexual tradicionales se centran en evitar embarazos y enfermedades. Los expertos opinan que intervenciones educativas adaptadas a su edad les ayudarían a relacionarse mejor y prevenir situaciones de violencia o acoso.

Fotograma de la serie británica Sex education. / Imagen extraída de Netflix

Cuando un niño o una niña pequeña observa sus genitales y juega con ellos comienzan a surgirle las primeras dudas sobre la sexualidad. “Si alguien les aparta la mano, cuestionan por qué no pueden hacerlo. Por tanto, habría que empezar a educar muy temprano”, comenta a SINC Laura Morán, sexóloga, psicóloga y terapeuta familiar y de pareja.

Los programas de educación sexual en las aulas se han centrado fundamentalmente en evitar embarazos no deseados y prevenir enfermedades de transmisión sexual (ETS). Este enfoque tienen su utilidad. De hecho, según un estudio del Centers for Disease Control and Prevention de EE UU, esta información ayuda a reducir las conductas sexuales de riesgo de los adolescentes cuando se proporciona antes de la iniciación sexual. Sin embargo, los expertos consideran que estos talleres deberían abarcar otros muchos aspectos.

“Tiene sentido que los profesionales se centren más en la prevención de riesgo. Como tenemos muy poco tiempo, hay que resolver, al menos, lo urgente. Pero la educación sexual tiene que ir más allá”, declara a SINC Raquel Hurtado, psicóloga y sexóloga de la Federación de Planificación Familiar Estatal.

Una asignatura sin guía docente

Sobre la necesidad de mejorar la educación sexual en las aulas habla uno de los episodios de la exitosa serie británica Sex education sobre un supuesto brote de clamidia en el instituto que, según creen muchos estudiantes, puede contagiarse por el aire o las manos.

Según los expertos, esta limitación en los temas que se tratan en los talleres se produce por la inexistencia de una regulación específica que determine el temario que se debe impartir en esta materia. Por eso, los contenidos ya han recibido muchas críticas por parte de los profesionales de la sexualidad humana. “[Estos programas] son necesarios pero reduccionistas porque no se les habla del placer, ni de respeto y tolerancia”, explica Morán, autora del libro Orgas(mitos), que desmonta algunos mitos e ideas erróneas que obstaculizan la sexualidad.

Según Esperanza Gil, “a los pequeños hay que hablarles sobre sus cuerpos, cómo funcionan, qué diferencias hay. También, enseñarles a relacionarse de una forma afectiva y no violenta o abusiva” 

Hurtado, que ha dado clases de educación sexual en las aulas, cuenta que la mayor parte de los jóvenes “saben lo que es un preservativo y cómo ponérselo, más o menos. El problema es qué pasa cuando alguien no accede a ponérselo o cuando alguien lo propone y la otra persona interpreta eso como una situación de desconfianza”, recalca. Es decir, la educación sexual permite poner sobre los pupitres no mera información técnica, sino una mejora de las habilidades sociales y sexuales de los chicos y chicas.

Esperanza Gil, directora del Instituto Valenciano de Educación sexual, imparte estas sesiones a niños y niñas de todas las edades y expone que en la primera clase siempre debe explicar el concepto de sexualidad “porque normalmente está muy lejos de la realidad”.

Esperanza Gil en un taller

Esperanza Gil, directora del Instituto Valenciano de Educación sexual, imparte un taller. / Esperanza Gil

Hurtado remarca que siempre se ha relacionado la sexualidad con lo genital y coital porque hasta hace muy poco estaba únicamente al servicio de la reproducción. “Cuando hablamos de educación sexual no decimos que tengamos que hablar de preservativos desde pequeños, sino de otras muchas cosas, por ejemplo, los cuerpos, cómo funcionan, qué diferencias hay entre ellos, por qué somos valiosos, cómo me puedo relacionar desde una forma afectiva y no violenta o abusiva. Por eso es importante que cada etapa tenga unos contenidos determinados, igual que con las matemáticas”, señala a SINC.

El porno, enemigo de la educación sexual

Ahora, uno de los medios más utilizados por las personas jóvenes para informarse sobre sexualidad es internet. Además, un trabajo de la Red de Jóvenes e Inclusión y la Universidad de Islas Baleares, realizado con encuestas a personas de entre 16 y 29 años, confirma que un 70 % de la juventud española ha visto porno en internet. La edad media a la que los jóvenes de España acceden por primera vez a estos contenidos es cercana a los 15 años, pero algunos han tenido su primer contacto con el porno a los 8.

“Los chicos y chicas no saben que eso es ficción. No se enseña el respeto ni la parte afectiva que puede haber en una relación sexual en la vida real. Así que al final acaban tomando modelos que no son ciertos y que son bastante machistas”, critica Laura Morán.

Hay niños que acceden al porno con solo ocho años. “No saben que eso es ficción y acaban tomando modelos que no son ciertos y que son bastante machistas”, critica Laura Morán

Esperanza Gil se sorprende a veces de las preguntas que le hacen los niños de 5º y 6º de primaria en las primeras sesiones. Comenta que “cada vez más niños conocen palabras que todavía no deberían incluir en su vocabulario porque no las entienden. Esto es porque ya tienen acceso a la pornografía”.

Por ello, para empezar sus clases les pide a los niños y niñas que digan una palabra que relacionan con la sexualidad. “A veces conocen palabras pero no su significado. Por ejemplo, vibrador, mamada…”, sostiene. Ella explica que algunas palabras no deberían conocerlas pero, si tienen dudas sobre alguna, “sería genial que todo el mundo pudiera expresarse libremente porque, si está bien explicado, no genera incertidumbre”, destaca.

Palabras sobre sexualidad

Palabras que conocen los niños sobre la sexualidad. / Esperanza Gil

Un estudio que evaluó un programa educativo instaurando en un colegio gallego a niños y niñas de 1º de la ESO, llamado Agarimos, confirma que no están acostumbrados a este tipo de contenido y a la forma de impartirlo. “A los jóvenes se les sigue transmitiendo de alguna manera que [la sexualidad] es tabú, que es algo malo, que es cosa de mayores o que de eso no se habla”, explica Morán.

Charo Altable, profesora jubilada de un instituto valenciano, también ha dado clases de educación afectivo-sexual y afirma que los chicos y chicas “lo aceptan muy bien porque es muy divertido, lo hacen a través de baile, ejercicios con las manos, etc. y tiene muy buena acogida”. Ella ha creado un guía para la Generalitat Valenciana.

Ayuda para blindarse contra el abuso

Según estas expertas en sexología, la educación sexual que se le ofrece a un niño o niña de cinco años tendría que estar orientada a conocer las partes de su anatomía, a nombrarlas correctamente y a explicarles que son dueños de su propio cuerpo, con el objetivo de prevenir abusos sexuales contra ellos y ellas. “Si les enseñas que su cuerpo es suyo y que nadie tiene que tocar las zonas que se tapan con la ropa interior si no quieren, de alguna manera, les estás blindando contra el abuso sexual”, dice Morán.

En la misma línea, Raquel Hurtado critica la invasión que tenemos sobre el cuerpo de los niños y niñas. “Un ejemplo muy tonto es el de los besitos. Les decimos: dale un besito a mamá, a la abuela, a esa señora que no conocemos de nada… sería muy fácil enseñarles a que no tienen por qué dar besos si no les apetece”. Según la experta, con situaciones tan sencillas como esta podríamos prevenir posteriores situaciones de abuso. “Si tienen tan asumido que todo el mundo puede acceder a su cuerpo, después les será muy difícil identificar que otra persona está abusando de ellos”, señala.

El objetivo es que, como sociedad, nos armemos de recursos para poder prevenir este tipo de cuestiones, opinan estas expertas.

De la misma forma ocurre en las chicas y chicos más mayores, según explica un trabajo liderado por la Universidad de Columbia (Nueva York), que demostró que recibir educación formal sobre cómo decir no al sexo antes de los 18 años era un factor protector contra las agresión sexuales en la universidad.

Raquel Hurtado indica que “la educación sexual da herramientas para saber lo que nos apetece, canalizar los deseos, ser más tolerante cuando nos dicen que no” 

“La educación sexual nos da herramientas para saber lo que nos apetece, permite canalizar los deseos, ser más tolerantes cuando nos dicen que no. Cuando alguien nos rechaza, ¿cómo hacemos para gestionarlo? Eso tiene un impacto muy grande en la reducción de violencia. Hay que enseñarlo en la escuela”, propone Hurtado.

“Además, si toman referentes de películas románticas o películas erótico-afectivas, verán mucho machismo. Por eso, hay chavales que pueden desarrollar, sin saberlo, conductas de acoso hacia sus compañeras”, añade.

De hecho, la agresión sexual es el tema estelar de uno de los episodios más aclamados por el público en Sex Education, en el que todas las compañeras, a pesar del enfrentamiento que hay entre ellas, se apoyan frente a un caso de agresión que una de ellas sufrió en un autobús.

Fotograma Sex Education

Episodio 'No estás sola' de la serie Sex Education. / Imagen extraida de Netflix

La importancia de reconocer el placer

Por otro lado, cuando las personas expertas hablan del cuerpo, recuerdan la importancia de reconocer el papel del placer. “En infantil se toca mucho el tema de la masturbación. Les explico que están conociendo su cuerpo y, si cuando se tocan sienten placer, está bien. Pero hay espacios para esta relación intima con uno mismo. Suelen tenerlo muy claro”, asegura Esperanza Gil.

Gil, en sus clases, utiliza marionetas de una vulva y un pene para enseñarle a conocer bien su cuerpo, tener ciertos hábitos, como la higiene. “Se les anima a conocerse y observarse para poder avisar a un adulto de confianza si hay algo que no tiene su color o forma habitual”.

Leslie Kantor, presidenta del departamento de educación pública de la Global Public Health Rutgers (EE UU), analizó los contenidos de educación sexual en las escuelas y demostró la necesidad de incluir este concepto.

“El miedo a la reducción del placer es también una de las razones que la gente cita para no usar condones”, afirma. Los psicólogos explican que priorizar la decisión del hombre frente a la salud de las mujeres indica que ellas se están valorando menos.

“El placer femenino no solo era ignorado, sino que era rechazado como algo impropio, obsceno o pecaminoso. Las mujeres capaces de expresar esos deseos y buscar su propio placer han estado mal consideradas y han sido atacadas por la sociedad”, comenta a SINC Beatriz Gimeno, directora del Instituto de la Mujer, respecto a la desigualdad de género que ocasiona no impartir la educación sexual en las aulas.

Los resultados de una investigación de la Universidad Nacional de Costa Rica, publicada en la revista Educare, dejaron evidencia de lo que algunas autoras llamaron ‘extirpación cognitiva del clítoris’: la mayor parte de los estudiantes no conocían la existencia de este órgano femenino, según confirmaba el trabajo.

La sexualidad y el respeto, de la mano

A medida que conocen un poco más el concepto de sexualidad y son más mayores, los niños y niñas reciben cuestiones de respeto y tolerancia. “A esa edad ya hay que educar en orientación sexual porque un niño pequeño no le va a decir a otro ‘maricón’, pero otro de diez años sí”, opina Morán.

“Cuando hablo de orientación sexual me centro en explicarles la diferencia entre lo habitual y lo normal. En Valencia es habitual ver flores amarillas debajo de los naranjos. Por eso, les pido que imaginen un campo lleno de margaritas amarillas y pregunto, por ejemplo, que si de repente un día sale una amapola preciosa de color rojo en medio del campo eso es habitual, todos responden que no. Tras ello, les planteo: ¿pero es normal? Y les respondo que sí, ya que esa diversidad forma parte de la naturaleza”, cuenta Gil al recordar sus clases.

Algunos de estos planes coeducativos ya se han estudiado y se han obtenido resultados positivos. En Asturias se implantó en 2008 un programa específico de educación sexual, llamado Ni ogros ni princesas, basado en el modelo de derechos y género que promueve la OMS, la Unesco y la ONU y sus frutos han sido beneficios para la salud sexual de los chicos.

“Los resultados de la evaluación de este proyecto mostraron que había mejoras de las habilidades, aumentaron los conocimientos, observaron un retraso en el inicio de las prácticas con penetración en chicas y tanto los ellos como ellas declaraban de forma significativa un mayor uso del condón”, confirma José Vázquez, coordinador del programa. “La realidad muestra que se forma, se informa y se permite a los chicos y las chicas tener mayor control sobre sus cuerpos y tomar decisiones de forma más responsable”, añade.

Los resultados del programa gallego Agarimos también evidenciaron en los niños un comportamiento más tolerante, flexible y respetuoso y mayor naturalidad y madurez a la hora de abordar la temática de la sexualidad. Asimismo, se contemplaron actitudes más igualitarias y más positivas hacia la sexualidad.

“La realidad muestra que se forma, se informa y se permite a los chicos y las chicas tener mayor control sobre sus cuerpos y tomar decisiones de forma más responsable”, afirma José Vázquez

“Desde el momento en que se educa y se enseña que en la relación sexual las mujeres no son objetos disponibles, se constituye una forma muy diferente de abordar el sexo. Hacer valer plenamente el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y sus deseos, y enseñar a los chicos a respetarlo, es una premisa básica para erradicar la violencia de género en todas sus manifestaciones”, señala Gimeno.

Hurtado lo tiene claro. “Si tuviéramos educación sexual en el colegio, los chicos y chicas serían más felices. Tendrían más posibilidades de tomar decisiones autónomas y no basadas en la imposición del grupo, tendrían menos agobios respecto a las preguntas que se hacen, más facilidad para hablar con su familia y sus compañeros, reduciríamos las situaciones de violencia y acoso que se producen en el aula y tendríamos una sociedad, sin duda, más justa y más igualitaria”.

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