Las madres orangután recorren más distancia para buscar compañeros de juego para sus crías

Un estudio de 15 años con ejemplares salvajes de Borneo revela que estos grandes simios ajustan su uso del espacio para favorecer las interacciones entre jóvenes de edad similar, pese al coste energético que supone para las hembras adultas.

Una cría de orangután de cuatro años es transportada por su madre durante un desplazamiento. / Tuanan Orangutan Research Project/UZH

El juego con otros individuos de edad similar desempeña un papel importante durante el desarrollo de los grandes simios. En el caso de los orangutanes de Borneo, las madres parecen modificar sus desplazamientos para aumentar las oportunidades de que sus crías coincidan y jueguen con otros jóvenes, según un estudio basado en 15 años de observaciones de animales en libertad.

Los orangutanes son los grandes simios con una estructura social más solitaria. Las madres pasan gran parte del tiempo con sus crías, que permanecen bajo su cuidado durante al menos los primeros siete años de vida.

En este contexto, las oportunidades de interacción con otros jóvenes son relativamente escasas. Sin embargo, el juego entre individuos de edad similar puede contribuir al desarrollo de habilidades físicas y sociales relevantes para etapas posteriores de la vida.

En este contexto, las oportunidades de interacción con otros jóvenes son relativamente escasas. Sin embargo, el juego entre individuos de edad similar puede contribuir al desarrollo de habilidades físicas y sociales relevantes para etapas posteriores de la vida

Los resultados de un nuevo estudio publicado en PNAS aportan evidencias de que las madres no se limitan a encontrarse de forma fortuita con otras hembras y sus crías. Por el contrario, parecen ajustar el uso que hacen del espacio para aumentar la probabilidad de coincidir con madres cuyas crías tienen una edad similar, y recorren mayores distancias en torno a los días en que se producen estos encuentros de juego.

El estudio está liderado por el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal, en colaboración con la Universidad de Zúrich (Suiza), la Universidad Nacional de Indonesia y la Universidad Rutgers (EE UU).

”Revelamos un coste oculto de la vida solitaria”, afirma Maria van Noordwijk, autora principal del estudio. “Además de proporcionar alimento y seguridad a sus crías, las madres orangután también tienen la responsabilidad de proporcionarles recursos sociales”.

El juego de los orangutanes

Desde 2003, van Noordwijk y su equipo siguieron a parejas de madres y crías en la estación de investigación de Tuanan, en la isla de Borneo, Indonesia, donde observaron orangutanes habituados desde la mañana hasta la noche. Los encuentros entre madres son poco frecuentes, pero cuando ocurren, suelen ser cautelosos.

“Los adultos normalmente no se acercan mucho unos a otros”, explica van Noordwijk, que dirigió el trabajo de campo cuando estaba en la Universidad de Zúrich. Sin embargo, las crías son diferentes. “Se lanzan unas hacia otras, forcejean, se muerden y se agarran. Las crías de orangután tienen un ‘botón de juego’ que solo la madre puede apagar cuando decide que ha llegado el momento de continuar el desplazamiento”.

Se lanzan unas hacia otras, forcejean, se muerden y se agarran. Las crías de orangután tienen un ‘botón de juego’ que solo la madre puede apagar cuando decide que ha llegado el momento de continuar el desplazamiento

Maria van Noordwijk, autora principal del estudio

Van Noordwijk observó que estos encuentros entre crías parecían tener un coste para las madres. “Simplemente parecía un día realmente largo y agotador para ellas», explica. "Sabía que algo estaba ocurriendo con estos días de juego, pero necesitábamos la técnica estadística adecuada para comprobarlo”.

Compañeros de edad similar

Después de 15 años, el equipo de van Noordwijk había acumulado 32 000 horas de observación de 31 parejas de madres y crías. En colaboración con Odd Jacobson, investigador posdoctoral del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal, analizó si las madres buscaban activamente compañeros de juego para sus crías.

“Aplicamos una técnica estadística que combinaba el uso que las madres hacían del espacio con las características sociales de las parejas de madres y crías vecinas”, explica Jacobson, primer autor del artículo.

Jacobson descubrió que las madres cuyas crías tenían edades más próximas entre sí compartían una mayor parte de las mismas zonas del bosque, y que esas crías también jugaban juntas con mayor frecuencia, incluso después de tener en cuenta factores como el parentesco y la disponibilidad de fruta.

Parece que las madres emparejan a sus crías con compañeros de juego que son adecuados tanto física como evolutivamente

Odd Jacobson, investigador posdoctoral del Instituto Max Planck

“Parece que las madres emparejan a sus crías con compañeros de juego que son adecuados tanto física como evolutivamente”, afirma Jacobson.

Los encuentros de juego también dejaban una clara huella en los desplazamientos. Las madres recorrían mayores distancias no solo durante los propios días de juego, sino también durante los días inmediatamente anteriores y posteriores.

Se sabe que las hembras adultas tienen una zona de actividad principal en la que pasan la mayor parte de su tiempo. A partir del día anterior al juego, las madres se desplazaban hacia la zona principal de actividad de la otra madre; después del juego, regresaban hacia su propia zona.

Estos patrones indican que los encuentros de juego de los orangutanes no son encuentros fortuitos, sino que están determinados activamente por las decisiones de las madres sobre dónde desplazarse.

Cartografiando el paisaje social

“Para encontrar un compañero de juego adecuado, parece que se posicionan espacialmente de manera que aumentan la probabilidad de encontrarse con madres que tienen crías de edades similares”, explica Jacobson.

Este movimiento dirigido demuestra que las madres conocen lo que van Noordwijk denomina ‘los cotilleos del bosque’.

Los orangutanes pueden pasar la mayor parte del día solos, pero siguen estando integrados en una red social

Odd Jacobson

“Los orangutanes pueden pasar la mayor parte del día solos, pero siguen estando integrados en una red social. Saben exactamente quiénes son sus vecinos, en muchos casos durante toda la vida, y saben quién ha tenido una cría y cuándo. Desde sus posiciones en las copas de los árboles probablemente pueden hacerse una idea aproximada de dónde están esos vecinos, al menos en determinadas ocasiones”, añade.

La capacidad para desenvolverse en este paisaje social podría apoyarse en las conocidas habilidades cognitivas de los orangutanes.

“Hace tiempo que aceptamos que utilizan la navegación espacial y la planificación de rutas para localizar y acceder a los recursos alimentarios”, afirma van Noordwijk. “Ahora demostramos que están combinando un mapa cognitivo que no solo incluye los recursos alimentarios, sino también los recursos sociales, para cuidar de sus crías”.

Las madres pagan el precio

Todo este esfuerzo tiene un coste. Las madres pasaban más tiempo desplazándose y menos tiempo alimentándose durante los días relacionados con los encuentros de juego, lo que representa una forma de inversión materna en el desarrollo social de sus crías que hasta ahora había pasado desapercibida.

“En muchas especies sociales, los compañeros de juego aparecen de forma natural como consecuencia de vivir en grupo”, explica Jacobson. “El problema del juego surge cuando las madres pasan la mayor parte del tiempo solas con una única cría y no se reúnen regularmente para alimentarse, socializar o protegerse”.

El problema del juego surge cuando las madres pasan la mayor parte del tiempo solas con una única cría y no se reúnen regularmente para alimentarse, socializar o protegerse

Odd Jacobson

Se desconoce cuántas otras especies afrontan este mismo problema y cómo lo solucionan.

Los autores reconocen que los encuentros de juego son poco frecuentes: solo se producían en el 6 % de los días en los que se realizó el seguimiento de una pareja de madre y cría, es decir, aproximadamente una vez cada 20 días.

Además, en los días en que sí había juego entre crías, estas pasaban jugando un total de solo unos 20 minutos.

Sigue siendo una cuestión abierta si esta inversión acaba dando sus frutos. “Todavía no sabemos si el tiempo y la energía que las madres dedican a organizar estos encuentros de juego proporcionan a sus crías alguna ventaja más adelante en la vida”, concluye Sri Suci Utami Atmoko, coautora del estudio

Referencia:

Maria A. van Noordwijk et al. “Maternal ranging strategies facilitate offspring social play at energetic cost in the most solitary ape”. PNAS

Fuente: MPG
Derechos: Creative Commons.
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