La mayoría de los planetas en nuestra galaxia tienen un tamaño entre la Tierra y Neptuno, pero se sabía poco sobre cómo llegan a tener este tamaño. Ahora, en estudio internacional ha revelado las transformaciones radicales que sufren los planetas en formación durante este proceso.
Estos fenómenos astronómicos ocurren cuando la Luna se interpone entre el Sol y los observadores, y se clasifican como totales, anulares y parciales según la cantidad de luz que permita visualizar el satélite. Se espera que para 2026 ocurra un ocultamiento total, lo que supondrá todo un hito histórico al no verse uno desde hace más de 100 años.
Una imagen obtenida desde el Observatorio Paranal en Chile muestra una extensa y fantasmagórica nube de gas y polvo interestelar, ubicada a unos 10 000 años luz de la Tierra. Su contorno recuerda a un murciélago desplegando las alas, con un resplandor rojo intenso y filamentos oscuros que revelan una activa zona de formación estelar
Un análisis de la Agencia Espacial Europea de remolinos de polvo detectados a través de imágenes que los róveres han tomado durante décadas revela cómo se distribuyen los vientos en el planeta rojo. Los hallazgos se utilizarán para la planificación de futuras misiones.
Un estudio químico de rocas de ambas caras del satélite muestra que la lava de la que proceden se solidificó a diferentes temperaturas. Los investigadores creen que podría deberse a la menor concentración de elementos radiactivos en la cara oculta, que generan calor al desintegrarse.
Cuando una estrella muere, crea una explosión masiva llamada supernova. Un análisis de uno de estos fenómenos especialmente violento ha permitido identificar la estructura interna de estos soles justo antes de su muerte.
A partir del 11 de agosto llegará el gran momento de Las Perseidas, el sueño popular de las estrellas fugaces. Nada mejor que una noche templada de verano, lejos de las luces de la ciudad, al amparo de la mayor oscuridad posible, para esperarlas.
Las observaciones de este satélite han revelado que existe una diferencia significativa entre sus dos caras. No obstante, un nuevo estudio que analiza muestras lunares procedentes de la cuenca del Polo Sur Aitken señala que comparten características isotópicas y geoquímicas.
Un estudio revela que el entorno de estos cuerpos celestes influye en la capacidad que tienen para crear estrellas, además de poseer características estructurales muy diferentes entre sí, en función de si están acompañadas o aisladas. Un ejemplo cercano es la Vía Láctea, que se encuentra en un triplete de galaxias masivas junto con Andrómeda y la galaxia Triángulo.
El astrofísico estadounidense, exdirector del centro Ames de la NASA y actual director de los premios Breakthrough habla con SINC de investigación en astronomía, de los telescopios en Canarias o del sueño de llegar hasta la estrella más cercana.